Literautas - Tu escuela de escritura

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Todos Saben - por IndiAsR.

Todos guardaban algún secreto en aquel recóndito pueblo del norte argentino. Todos sabían, o creían saber, cómo vivían los demás. Sus debilidades, sus errores, sus “picardías”. Describían con impunidad las acciones de los demás, apurando conclusiones con la certeza de quién demuestra más sus propias carencias.

“Cuando el ruido suena, agua lleva” rebotaba en su mente una y otra vez. Pero se calmaba intentando pensar que no es posible vivir de habladurías ni darles crédito, pues al fin y al cabo, la gente no sabe lo que sucede en realidad puertas adentro. Sin embargo, algo le inquietaba y le arrebataba la paz. Pero qué difícil resulta reconocer cuándo se trata de los propios demonios internos, saboteando la felicidad y cuándo es una realidad que no se atreve a ver.

Muchas veces planeó buscar la información que muchos decían que le faltaba. Pero, equivocadamente, rogaba verdad a quién nunca pudo ostentarla. Y siempre… terminaba sintiéndose peor, ya que “era su imaginación nuevamente, arrastrada por su historia de amor condicionado en la infancia”. Entonces volvía a llevarlo a su espacio de psicoterapia, para llorar y culparse una vez más.

Pero como casi siempre ocurre, la realidad o “la verdad” se impone ante ti, incluso mucho antes de que estés preparado para digerirla.  Y allí estaba ella, golpeando su puerta en medio de la noche gritando, frente a todos los curiosos vecinos, una revelación que le partió el alma en pedazos y para siempre. Todo aquello que creyó construir durante casi diez años, se derrumbó frente a sus narices. Con el cuerpo aún revolucionado por el puerperio, el alma herida y el desconcierto, se vio allí. Con dos pequeños retoños, en un lugar que no era el propio. Pues, había llegado a ese pueblo de la mano de quién la estaba decepcionando.

Había que tomar decisiones. ¿Pero cómo se hace? Le invadía el temor, la incertidumbre y la tristeza. No pudo hacerlo. No logró juntar sus cosas y marchar con sus pequeñas, desoyendo las súplicas del traidor. No sabía cómo…

Entonces llegaron los tratamientos de salud mental para intentar sanar. Pero cómo lograrlo, si no podía salir de allí, donde su alma se estaba apagando. Porque ahora cobraban particular importancia las habladurías, las burlas y las difamaciones. Y él…que diez años atrás juró en un altar protegerla y amarla, la estaba arrojando a las bestias.

Llegó la pandemia y con ella, la posibilidad de frenar. De pensar. Afuera el mundo se estaba rompiendo pero adentro no estaba más entero. Con el terror a la muerte en las calles, las cifras desoladoras de los noticieros, al fin pudo tener el tiempo para descubrir cómo seguir. Planeo cada paso para salir de allí. Y con la lentitud en la que transcurrían esos días de pesadilla, encontró algunas ideas que pronto pudo materializar.

Regresó a su hogar, a su ruidosa y caótica ciudad. Donde las cosas parecían más difíciles (y así lo fueron realmente) pero la libertad se sentía en cada rincón. Con sus pequeñas se autodenominaban “Invencibles” porque luego de tantas lágrimas, confusión y desesperación, algo parecido a la paz asomaba.

Esa Navidad al levantar la copa, pidió en silencio dejar atrás la ceguera. La imposibilidad de ver las cosas incluso cuando pasan frente a tus ojos. También rogó sabiduría, para no confundir miedo con realidad. Creo que aún está intentando aprenderlo, como todos quizás…
Aún hoy recuerda esa calurosa noche, con la casa vacía y la vida misma dentro de un camión. Cuando finalmente apagó las luces y contó hasta diez.

                                                      IndiAs

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