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Secretos - por Juan AntonioR.
Todos guardaban algún secreto, es algo que le atormentaba. Mientras paseaba por la calle, siempre le asaltaba ese pensamiento con cada persona que se cruzaba. Todos y cada uno de ellos guardaban algún secreto, desde el más insignificante hasta el más oscuro y perturbador.
Pasó junto a un vagabundo. Cuando miraba a alguna persona que vivía en la calle, no podía evitar pensar en qué le habría llevado a esa situación. Pensaba en cuál sería su historia, qué decisiones tomó, qué secretos pudo ocultar que le llevaron a terminar así. Cruzaron miradas: «Una ayuda, por favor, tengo hambre».
La mayoría de las personas no piensa en las consecuencias de sus decisiones ni en las consecuencias de sus secretos.
Mientras seguía su camino, se cruzó con un hombre bien vestido que iba hablando por el móvil. Por la forma de vestir y de moverse, se notaba que el dinero no era un problema para él: «Sí, fue una suerte que el otro aspirante al puesto finalmente no se presentara. De todas formas, estoy seguro de que me habrían dado el puesto a mí igualmente». Se notaba que era prepotente: le miró con desdén cuando se cruzaron y siguió adelante.
Después, pasó junto a una mujer que iba con un niño. Ella parecía cansada, tenía ojeras, aunque sonreía a su hijo. El niño llevaba una mochila, así que parecía que se dirigían al colegio: «Espero que lo pases bien en la excursión de hoy».
Cualquier persona puede ser esclava de sus secretos y cada cual puede imaginar cómo es la vida de cada persona que vemos por la calle, pero para él la realidad era otra. La realidad era que él no tenía que suponer nada de esto, no necesitaba imaginar cuál era la historia de las personas con las que se había cruzado: el vagabundo, el hombre triunfador, la madre con el niño. No necesitaba imaginarlo, porque lo sabía, porque podía escuchar los pensamientos más ocultos en la mente de todas y cada una de esas personas que había visto por la calle. No sabía cómo podía hacerlo, pero podía. Solo tenía que acercarse a alguien para verlo todo claro. Hay gente que lo consideraría un don, pero para él era una maldición.
La madre con el niño ocultaba bajo su sonrisa y sus ojeras que apenas podía llegar a fin de mes. Rezaba para que en el colegio no le pidieran dinero para otra excursión.
El vagabundo, en realidad, había llegado a esa situación por culpa de su adicción a las drogas y a las apuestas. Lo cierto es que no pedía limosna para comer, sino para otra dosis. Se había alejado de su familia. Estaba solo, había tocado fondo, pero aun así no podía parar.
Y, por último, el hombre triunfador. ¿Quién no querría parecerse a él? Lo tenía todo: físico, dinero, seguridad en sí mismo. Pero no siempre fue así. Hacía no mucho, estaba en la ruina y empezó a participar en peleas ilegales. Una noche mató a su oponente en una sangrienta pelea. Lo que él no sabía es que eso cambiaría su vida por completo, ya que esa persona era quien también peleaba con él en el trabajo por conseguir ese ansiado puesto del que hablaba por teléfono y, una vez que su oponente desapareció, tuvo el camino despejado.
Era demasiada información, demasiados secretos, a cada cual más turbulento y perturbador, así que corrió a casa, cerró la puerta tras él, apagó las luces y contó hasta diez.
Comentarios (4):
RHM
21/09/2026 a las 11:53
Hola Juan Antonio,
Me encanto como gran fan de los relatos de ciencia ficción y mas en concreto en el tema de los superpoderes, gracias por tu historia. Solo hecho en falta que igual nos hubieses dado pistas para poder averiguar cual era su poder, al encontrarse con esas personas igual escribir algún pensamiento que tuvieran. Pero fue super entretenido ojalá saber mas del este personaje.
José Bayón Garcinuño
22/09/2026 a las 22:14
Muy buenas. Yo creo que tendría más fuerza si cambiarás el narrador de la tercera a la primera persona, al descubrirnos sus superpoderes.
Gita
26/09/2026 a las 13:55
Saludos Juan:
Muy interesante relato. Observar es un ejercicio maravilloso. Aún más por ese don o maldición para el que lo tenga. El personaje tiene acceso a los secretos de las personas. Pienso que esté cansado de tanta información.
Pero la pregunta es: ¿Podría el personaje hacer algo más?
Bueno, gracias por compartir. Nos leemos.
Hugo
29/09/2026 a las 02:06
Hola, Juan Antonio:
Gracias por comentar mi relato.
En el tuyo tenemos un narrador externo, omnisciente, que nos cuenta sobre un personaje que tiene la facultad de leer la mente de los demás con solo acercarse a ellos. No conocemos su nombre y recién al promediar el texto nos enteramos que es un hombre, cuando dice que para “él” la realidad era otra.
Narrado en tiempo pasado, se cuela algún verbo en presente (“es algo que…”).
Quitaría algunos latiguillos que no aportan, cómo por ejemplo, un par de “así que”, “todos y cada uno”, “en realidad” o “Lo cierto es que”.
Hay algunas repeticiones y aclaraciones que podrían quitarse porque hacen que el texto sea muy explicativo :
“…la realidad era otra. La realidad era que…”
“…cuál era la historia de las personas con las que se había cruzado: el vagabundo, el hombre triunfador, la madre con el niño. No necesitaba imaginarlo…” Quitaría “el vagabundo, el hombre triunfador, la madre con el niño” porque se habla de ellos antes y después de este párrafo.
Quitaría también por ser demasiado explicativo. “…una vez que su oponente desapareció, tuvo el camino despejado.”
“…a cada cual más turbulento y perturbador,” Esta frase creo que podría sonar mejor sin el “a cada cual”.
Estos comentarios formales son subjetivos y por lo tanto podrían estar equivocados, pero es lo que veo al leer tu historia, la que puede dar para más si pudieras sobrepasar el límite de palabras.
Un gusto leerte.