Literautas - Tu escuela de escritura

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El placar - por HugoR.

Todos guardaban algún secreto. Recuerdo haber escuchado al padre de Susana decir que todo el mundo tenía un cadáver escondido dentro del placar. Lo extraño era que en esa familia nadie intentase averiguar qué ocultaban los demás.

Recuerdo las largas conversaciones con mi amiga, en las que intentaba hacerle ver los inconvenientes de esa indolencia.

―Si lo que hace el otro no importa, es porque no hay amor y sin amor no hay familia― le decía yo con menos tacto que un odontólogo con Parkinson.

Julio, el hermano menor de Susana, pasaba los días frente al computador interactuando en las redes sociales. Ella no le conocía amigos y no sabía qué hacer para que le contase sobre su vida en la internet. Cuando tocaba el tema, él se ponía los auriculares y se acababa la conversación.

El padre era viajante de comercio. Andaba siempre de aquí para allá hasta que un día le asignaron las provincias del noroeste. Estaba feliz porque lo consideraba un ascenso, pero las ausencias del hogar se hicieron más prolongadas. Susana no conseguía acercarse, él nunca respondía los llamados y contestaba escuetamente los mensajes de texto.

La madre, aburrida de estar siempre sola, de pasarse el día limpiando sobre lo que estaba limpio y de vez en cuando reunirse con las viejas amigas del colegio, comenzó a tomar clases de tango y a frecuentar milongas.

El primero en enterarse del accidente fue Julio. Navegando por internet supo del triple choque en la ruta 34, cerca de Tartagal. La madre llamó a la empresa para la que trabajaba su marido, pero no consiguió mayor información, ni siquiera le confirmaron si estaba sano, herido o muerto, pero le ofrecieron tres pasajes en avión para que viajasen a Salta.

Sin ningún indicio del paradero, acudieron a la comisaría de Tartagal, de allí los mandaron al hospital, donde les dijeron que lo habían llevado a la morgue para hacerle la autopsia, que fueran para allí porque sería necesario que reconociesen el cuerpo.

En la morgue les dijeron que ya había sido identificado y que lo había retirado una empresa fúnebre. Luego de esperar un rato largo, les dieron la dirección. Con el equipaje aún a cuestas, tomaron un taxi hasta la sala velatoria.

No había mucha gente. Un par de niños correteando por los pasillos le recordaron a ella y a Julio con una decena de años menos. Una mujer joven y muy bonita lloraba de pie junto al féretro. También había un grupo de personas, quizás amigos o compañeros de trabajo del padre.

Julio y la madre se quedaron inmóviles en la entrada, con más ganas de salir corriendo que de entrar. Susana se acercó al cajón y mantuvo la mirada con la mujer durante unos segundos, luego bajó la vista hacia el cuerpo. La cara pálida contrastaba con el pelo negro, más negro de lo que ella recordaba, y la pequeña cicatriz sobre la ceja izquierda, esa que se había hecho cuando le enseñó a andar en bicicleta, alejó cualquier duda que pudiese tener sobre su identidad.

Con las manos apoyadas en el borde del cajón comenzó a empujar con intenciones de darlo vuelta y arrojarlo al piso. Un instante antes de lograrlo la madre la detuvo.

—¡Pará! Es tu papá —le dijo apoyándole la mano sobre el hombro.

—¿Cuánto tiempo…? —preguntó a la mujer.

—Siete años —respondió secándose las lágrimas.

—¿Son de él? —preguntó mirando a los niños que estaban en el pasillo.

La mujer asintió con la cabeza.

—Al final el cadáver decidió salir del placar —ironizó Susana.

No hubo gritos ni reproches. Quizá porque hay cosas que cuando se descubren, parecen haber ocurrido demasiadas veces dentro de la cabeza.

Susana, enervada por tanta civilidad, se encerró en el baño. Apagó las luces y contó hasta diez.

Comentarios (9):

Daniel Calleja

20/09/2026 a las 01:39

Hugo, casuales casualidades colocaron tu relato justo a continuación del mío. Como siempre, es un placer leerlo y darte mis opiniones. Una larga historia resumida en pocas palabras, una familia como tantas, con escasa comunicación entre ellos. Las frases de apertura y cierra encajan a la perfección, la de final en especial no aparece forzada como he leído a vuelo de pájaro en algunos relatos. El ritmo va acompasado con la historia y se agradece las mínimas descripciones físicas de los personajes, apenas las necesarias para comprender el relato (la cicatriz del padre, la juventud y belleza de la amante).
Algunos detalles mínimos. En la frase “le recordaban a ella y a Julio” queda un poco perdida al no mencionar a Susana, aunque se sobreentiende. Lo otro,si la madre y Luis se quedaron afuera, ¿Cómo llega la madre a frenarla de tirar el cajón?
En esta frase “La cara pálida contrastaba con el pelo negro, más negro de lo que ella recordaba, y la pequeña cicatriz sobre la ceja izquierda, esa que se había hecho cuando le enseñó a andar en bicicleta, alejó cualquier duda que pudiese tener sobre su identidad.” creo que “alejaron cualquier duda” quedaría mejor, ya que habla del pelo negro y la cicatriz.
“—¿Cuánto tiempo…? —preguntó a la mujer.” Acá no queda muy claro (para mí) quién pregunta, aunque deduzco por el final de la charla que es Susana.
La reflexión de Susana al final me parece muy acertada.
En fin, como siempre, un placer leerte y tratar de aportar algo a un relato muy bien logrado.
Nos seguimos leyendo.

Monica Bezom

20/09/2026 a las 04:06

Hugo, muy buen relato. Coincido bastante con las consideraciones que formula Daniel.
La frase inicial cumple la consigna, además plantea el tema y la imagen del cadáver en el placar vuelve al final con una ironía muy bien resuelta. Me gusta que cada personaje tenga su secreto apenas insinuado (los auriculares de Julio, las milongas de la madre, el pelo “más negro” del padre) sin necesidad de explicarlo todo.
También resolviste la consigna optativa con naturalidad: “Apagó las luces y contó hasta diez” no suena impuesta, sino que encaja a la perfección; como el gesto lógico de alguien que necesita contenerse después de tanta “civilidad”. Ese cierre en penumbra dialoga con el placar del principio: Susana se queda por fin a solas con su propio secreto. Y funciona muy bien que no haya gritos, porque la escena ya había ocurrido demasiadas veces en la cabeza.
Te señalo un par de cosas: Me quedé dándole vueltas a la voz narrativa: arranca en primera persona, pero después pasa a una tercera que conoce los pensamientos de Susana. ¿Es la amiga reconstruyendo lo que Susana le contó? Si es así, quizás un guiño lo aclararía; si no, tal vez convenga quitarle protagonismo al “yo” del comienzo.
Coincido con Daniel en un detalle de continuidad: Julio y la madre se quedan en la entrada, pero la madre logra frenar a Susana junto al cajón.
Por otra parte, la comparación del odontólogo con Parkinson podrá resultar algo ingeniosa, pero su humor negro referido a una enfermedad choca un poco con el tono contenido del resto.
Muy buen manejo del ritmo y del límite de palabras.
Un placer leerte.

El relato arranca en primera persona, con una amiga que conversa con Susana, pero esa voz desaparece y pasa a una tercera persona que acompaña a Susana a la morgue y al velatorio, donde quien narra no estuvo. Tal vez convenga que la amiga reaparezca o quitarle protagonismo al comienzo. Coincido con Daniel en el detalle de continuidad: Julio y la madre se quedan en la entrada, pero la madre logra frenar a Susana junto al cajón. Y la comparación del odontólogo con Parkinson es ingeniosa, pero su humor negro choca un poco con el tono contenido del resto.
Muy buen manejo del ritmo y del límite de palabras. Un placer leerte.

Monica Bezom

20/09/2026 a las 04:08

Hugo: me disculpo por mi comentario que por error salió duplicado hacia el final.

Violeta

21/09/2026 a las 10:08

Hola Hugo, disfruto de un buen relato que aborda de manera original una situación alucinante que ha sido contemplada en el cine, en otros textos y, evidentemente, en la vida real: el adulto que mantiene dos, tres familias sin que al menos una de las partes se enterase de nada. Nada más empezar me ha arrancado una sonrisa la frase “Con menos tacto que un odontólogo con Parkinson”. Me la guardo con tu permiso para utilizarla personalmente 😉 A partir de aquí, el texto ha empezado a ensombrecerse. Me ha gustado pero es cierto que el diálogo resulta un poco confuso. Cuando la madre le pide a su hija que pare de mover el ataúd, echo en falta cierta violencia en el texto. Términos que reflejen la vergüenza, la ira o la confusión que deberían invadir a los hijos o a la esposa del protagonista. Cuándo Susana pregunta “¿Cuánto tiempo…?” No entiendo bien si se refiere a la edad de los niños o si se refiere a cuánto tiempo llevaban siendo amantes o se mantenía esa situación. También parece que la “otra” familia estaba al corriente de que el finado ya tenía una familia previa, no resulta ninguna sorpresa de que Susana, Julio y la esposa lleguen a un funeral en el que son “los otros”.
Me encanta la frase del inicio, porque aquí se dice “Todo el mundo tiene un cadáver escondido en el armario”, refiriéndose a ocultar el secreto más potente del universo que pende de un hilo. Qué rico el léxico español. Enhorabuena Hugo, siempre.

RHM

21/09/2026 a las 12:11

Hola Hugo,
Me ha costado pillar que era la amante, creo que cuando Susana sea cura con los niños podría haber visto algún rasgo del padre como el pelo negro. Coincido también con el ataque de ira de Susana queda un poco fuera del lugar o breve con el dialogo posterior.
Gracias y sobretodo enhorabuena por el reto opcional quedo cuadrado

Moldy Blaston

21/09/2026 a las 18:34

Hola Hugo! En primer lugar agradecerte tus comentarios a mi relato, a los que te respondo en mi site #37.
En cuanto al tuyo…. ¡Bueníiiiisimo relato! Me ha parecido una historia demoledora, con un ritmo narrativo impecable y una voz tremendamente madura.
La metáfora inicial del «cadáver en el placar» hila toda la trama de forma magistral, y detalles con ese punto de humor afilado (como la genial comparación del «odontólogo con Parkinson») le dan muchísima personalidad y soltura al narrador. Me ha parecido muy brillante la forma en que construyes el desenlace: la reacción contenida de la familia ante el descubrimiento de la doble vida resulta escalofriante por lo realista, retratando a la perfección esa revelación que, en el fondo, ya se había presagiado en silencio. Además, encajar el reto del taller como el refugio de frustración de Susana en el baño tras tanta «civilidad» me parece un acierto impecable.
Como única sugerencia para exprimir aún más el impacto de la escena central, creo que valdría la pena pausar un instante el momento justo en que Susana apoya las manos en el féretro con intención de tirarlo al piso. Darle un segundo más de densidad a ese impulso físico (respetando el límite de palabras del taller) antes de que la madre la detenga haría que toda la rabia contenida estallara con una fuerza todavía más devastadora.
¡Enhorabuena por un cuento tan sobrio, humano y magníficamente construido! Ha sido un auténtico placer leerte. ¡Nos leemos!

Pilar (marazul)

23/09/2026 a las 16:39

Hola Hugo: encantada, como siempre, de pasarme por tus relatos (sean micros o relatos cortos). En esta ocasión nos cuentas una larga historia resumida en pocas palabras.
Lo primero que he hecho es buscar la palabra “placar”. ¡Claro!, aquí en España también decimos que todos tenemos guardado un cadáver en el armario ja,ja…
Hugo, me atrevo a sugerirte una cosa: ¿en un relato corto no sería mejor centrarte en un episodio de la vida del padre de Susana y Julio? Incluso, a través del episodio que tú, como escritor, elijas pueden adivinarse más cosas, el gran secreto.
Por ejemplo: me parece muy potente la escena del velatorio, es como un vodevil (situaciones comprometidas, enredos…). En esa escena hay lugar para el drama y hasta para la risa. Mira que lo de intentar darle la vuelta al féretro…
En fin, Hugo, que tienes mucho material entre manos y que de ahí, de ese “placar” pueden salir muchas más historias cortas.
Un abrazo, querido compi.

Pilar ( marazul)

26/09/2026 a las 13:43

Hola Hugo, otra vez. Creo que te he confundido con otro compañero literautas, que también se llama Hugo aunque escribe con seudónimo. No es algo que tenga importancia pero me acabo de dar cuenta.
En fin, que un placer leerte.😜
Saludos.

Juan Antonio

28/09/2026 a las 12:12

La idea de partida (la indiferencia de una familia donde todos intuyen que los demás ocultan algo, pero nadie pregunta) es un planteamiento narrativo potente y muy humano.
El recorrido de la familia —el viaje apresurado, el trámite en la morgue y la llegada a la sala velatoria— logra transmitir una sensación lograda de desorientación, cansancio y pesadez emocional propia de las situaciones de duelo inesperado.
Como sugerencia se abusa de referencias geográficas locales (Tartagal, Ruta 34) y de empieza con una amiga narrando en primera persona y luego pasa a un narrador omnisciente para contar un viaje donde ella no está.

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