Literautas - Tu escuela de escritura

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Soy lo que soy - por Ulises Vidal

 Todos guardaban algún secreto en la casa donde nací. El día que cumplí treinta y cinco años, mi tía decidió que ya era tiempo de que lo supiera.

A quien yo llamaba mamá era, en realidad, mi tía, hermana de mi padre, Luis.  

 –Te decimos Lucho por Luis, tu papá. Él eligió tu nombre. Él es tu padre biológico. No te lo dijimos antes, porque pensamos que era lo mejor para vos, para que siguieras siendo vos mismo. Ahora que tu padre ha muerto no tiene sentido seguir guardando el secreto—me dijo con visible alivio y agregó—: No quería dejar este mundo sin contártelo.

 Dos momentos desgarradores atravesaron mi vida. Uno ocurrió en mi infancia cuando en un asalto a mano armada mataron a mi mejor amigo en la calle; esto marcó el final de niñez. El otro, la muerte de quien yo creía mi “tío”, mi ídolo; ojalá hubiese podido abrazarme a él en vida para llamarlo miles de veces “papá”.  

  Claro que yo ya lo sabía, yo ya había intuido la verdad. ¿Por qué—había estado rumiando desde mi adolescencia— papá y mamá habían tardado tanto en buscarme? Habían pasado veinte años desde que se casaron para encargarme a la cigüeña.  

 Por otro lado, tenía otros indicios. Crecí en un entorno musical muy fuerte. Mi padre y los abuelos eran músicos y me habían contagiado el amor por Vivaldi. Todavía recuerdo el día en que papá me trajo el violín y tratamos de tocar unas primeras notas: —No importa que desafinemos. Nuestro propio oído nos va a ir corrigiendo—me animó. Y, me advirtió porque sabía lo difícil que podía ser, aunque yo estaba seguro de que lo mío era tocar el violín: —Sí, puedes tocar el violín, pero también recuerda que hay otras cosas.

 Me sentía desorientado y había perdido la confianza que le tenía a mi tía. Se había callado. Me había mentido. ¿Cómo no me di cuenta antes? ¿Cómo pudieron ocultarme ese secreto? ¿Por qué dejaron pasar tanto tiempo para decírmelo? ¿Acaso temían perder mi respeto y mi cariño? Sin duda, mi tía pensó equivocadamente que, ocultándome la verdad, evitaba hacerme sufrir. Me enojaba que me hubiera mentido, pero más me enojaba que ya no pudiera creerle.  Tardé en comprender que ella se atuvo a la promesa que le había hecho a su hermano.  

 Desde mi cumpleaños, transitaba por un tembladeral, cada mañana me desahogaba con el espejo del baño, mientras me afeitaba: «¿Qué habré hecho yo para merecer este secreto?», pensaba para mis adentros.

Me costó pasar muchas noches en vela hasta que, por fin, entendí que papá, a su manera, siempre estuvo presente; que él era un adolescente cuando yo nací, por eso no pudo enfrentar las necesidades de un hijo porque apenas si podía con las propias. No había terminado el bachillerato y dependía económicamente de su familia. Aunque siempre será un misterio para mí por qué siguió delegando sus responsabilidades en la hermana, aun cuando ya era un adulto. A pesar de esto, cuando vi cómo se presentaban las cosas, opté por el perdón.

  ¿Y mi mamá? Desconocía todo sobre ella. Comencé a investigar. La versión más certera acerca de su historia señalaba que era una chica del interior que había venido a Buenos Aires para cumplir su sueño, ser actriz. Al poco tiempo, me enteré de que mi madre había muerto en la sala de partos al darme a luz.  Otra cosa más y bien gorda que también me habían ocultado.

 Poco a poco, fui asimilando la verdad y me tranquilicé. No quería vivir en el pasado sino mirar hacia el futuro y construir desde el aquí y ahora. Me dije, “¡basta!” y dejé de dialogar con el espejo. Soy lo que soy. Me centro en mis proyectos, los cuales se van concretando. Integro como violinista la Orquesta Sinfónica Nacional. No obstante, no puedo darme el gusto de vivir solo de mi sueldo debido a la compleja realidad económica que estamos viviendo y debo completar mis ingresos con horas cátedra de la Licenciatura en Cuerdas en la universidad estatal.

 Parte de mi tiempo libre lo disfruto en mi biblioteca, mi tesoro más preciado. Entre mis autores favoritos Gabriel García Márquez, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y Charles Dickens.

 El trabajo, la música y la lectura han sido los puntales de mi existencia, fundamentos sobre los que edifico mi libertad, mi modo de “honrar la vida”, como diría la autora y compositora Eladia Blázquez.

Ccomentarios (1):

Monica Bezom

20/09/2026 a las 02:42

Hola, Ulises.
Me gustó de tu relato, la idea de partir de un secreto familiar que se revela después de tantos años así como especialmente la relación del protagonista con su padre a través de la música. El episodio del violín me pareció uno de los momentos más logrados, porque esas palabras del padre adquieren un significado diferente cuando conocemos la historia completa.
También me interesó el proceso del protagonista para reconstruir su identidad a partir de aquello que descubre. Hay una mirada serena sobre el pasado y sobre el perdón que termina dándole al relato un tono muy personal y reflexivo.
Quizá me hubiera gustado permanecer un poco más dentro de la historia y de esos momentos de descubrimiento, porque algunos de ellos tienen mucha fuerza y pasan rápidamente por la narración. Pero me pareció un texto sincero, con una historia familiar interesante y una conclusión coherente con la mirada que el protagonista va construyendo sobre su propia vida.
Un saludo y gracias por compartirlo.

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