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Reinicio y final. - por AlfonsoR.

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Todos guardaban algún secreto que habían sabido guardar celosamente durante todos estos años, pero que en cierto modo les iba comiendo el alma por dentro, ante la imposibilidad de expulsarlo como el que echa a un parásito de su cuerpo.
La relación con mis amigos había ido de más a menos, como era lógico. Cada uno de ellos tenía una vida por delante, y la mía en cambio, desde el accidente, siempre se mantuvo estancada, cerca de un ocaso que ahora parecía más cerca que nunca. Fue en sus últimas visitas, ya cada vez más espaciadas, cuando los secretos que albergaban me fueron revelados de forma silenciosa.
Claudia y Javier llevaban 20 años juntos, y tras ese tiempo, seguían siendo una pareja envidiada por amigos y conocidos, pese a que en ningún momento se habían planteado ser padres. Tras esa fachada idílica, Claudia le ocultaba a Javier que la noche anterior a su boda la había pasado en la cama de Eduardo, el mejor amigo de su actual marido.
Eduardo seguía aun soltero, pese a los intentos de Claudia por romper su matrimonio y estar con él.
Realmente esa opción nunca estuvo en sus pensamientos. Simplemente, no quería compartir su sufrimiento, ya que nuestro amigo vivía en un continuo estado de nervios, tras haber matado voluntariamente a su madre dos años atrás.
En estado casi vegetativo, condenada a una existencia en cama y con la asistencia de una máquina que la ayudaba a respirar, en cada mirada su madre le estaba implorando el descanso. La máquina funcionaba conectada a la red eléctrica, y tras armarse de valor, se las arregló, con sus conocimientos de ingeniería, para cortar la luz en toda la calle, el tiempo justo para que su madre se asfixiara y encontrara así su anhelado descanso. Eduardo sintió un enorme alivio de haber ayudado a su madre a encontrar el descanso que merecía, pero desde entonces vive con la incertidumbre de no saber si su secreto será descubierto algún día.
Eva también vivía sola, después de varias relaciones que no surtieron el efecto deseado. El paso de los años no parecía afectar a su imagen de chica guapa y sofisticada, que escondía un secreto que todos ignoraban. Para mantener su elevado tren de vida, Eva no tuvo otra opción que venderse como prostituta de lujo, un trabajo que suele conllevar riesgos difíciles de calibrar.
Mi secreto había comenzado mucho antes de que pudiera comprenderlo. Tras un accidente de coche, pasé varios meses en coma debido a un tumor que se extendió en mi cerebro.
Cuando desperté, mi vida ya no era la misma. El lado izquierdo de mi cuerpo estaba parcialmente paralizado, lo que me obligaba a caminar despacio para disimular una cojera.
Pero la peor secuela la descubrí poco antes de salir del hospital.
Una mañana me pareció escuchar una conversación entre el médico y su asistente. Hablaban de mí, pero ninguno de los dos movía los labios.
Me costó encontrarle sentido, pero después de unos días lo entendí.
Podía escuchar lo que pensaban.
Y con el tiempo descubrí algo más. No solo podía entrar sus mentes. Podía quedarme allí.
Podía recorrer sus recuerdos, tocar aquello que intentaban esconder y encontrar, debajo de todas lo accesorio, aquello que realmente les hacía daño.
Cuando se lo conté a mis amigos, al principio pensaron que estaba de broma. Después dejaron de reír.
Fue entonces cuando pude leerlo en sus mentes.
Claudia tenía miedo de quedarse sola. Javier tenía miedo de descubrir la verdad.
Eduardo vivía aterrorizado ante la posibilidad de que alguien reconstruyera la noche en que ayudó a morir a su madre.
Eva tenía miedo de que alguien la reconociera.
Y yo…Yo tenía miedo de morir. Así que decidí hacerles un último regalo.
Entré una última vez. No quería borrar sus recuerdos. Tampoco quería cambiar quiénes eran. Solo hice un barrido selectivo, eliminando aquello que pudiera seguir atormentándolos. Sus miedos, sus inseguridades, aquellas pequeñas heridas que llevaban años escondiendo.
Y dejé algo a cambio. Me aseguré de que ninguno pudiera olvidarme.
Quizá algún día se preguntarían por qué se sentían diferentes. Quizá recordarían nuestras conversaciones, nuestras risas, nuestros buenos momentos. Pero nunca recordarían aquello que les había hecho daño.
Cuando terminé, solo quedaba Claudia. Nos miramos durante unos segundos.
—Necesito que hagas una cosa por mí —le dije.
No preguntó qué.
Se acercó, me dio un beso en la mejilla, apagó las luces y contó hasta diez.

Comentarios (5):

Ricardo

19/09/2026 a las 20:32

Es una buena base para una novela de intriga. Ojala te decidas escribirla para leerla con calma. Te felicito.

ONIFUR77

23/09/2026 a las 16:21

Saludos Alfonso soy tu vecino del 51 y he leido tu relato que me ha gustado creo que el narrador postrado y con la capacidad de leer y manipular las mentes ajenas descubre los profundos y oscuros secretos de sus últimos amigos. Antes de morir, decide usar su poder por última vez para borrarles la culpa y los miedos que los atormentaban. Finalmente, en su despedida, le pide a Claudia que apague las luces y cuente hasta diez, culminando su propia vida con un último acto de liberación mutua.
Confio en seguir leyendonos.

Yolanda T

23/09/2026 a las 17:00

¡Hola, Alfonso!
Felicidades por tu relato, has conseguido emocionarme. Ha sido muy bonito lo que el protagonista hace por sus amigos. Ojalá tuviéramos la capacidad de hacer algo parecido.
La lectura es fluida, cada párrafo hace avanzar la historia y apetece seguir leyendo. Además, el giro que le das con lo de poder leer los pensamientos no me lo esperaba.
También, desde mi humilde opinión, hay alguna cosilla por pulir. Por ejemplo, el párrafo que empieza diciendo “Eduardo seguía aún soltero…” da a entender que durante 20 años Claudia ha intentado estar con Eduardo. Sin embargo, dices que este nunca ha contemplado esa idea porque no quiere compartir su sufrimiento, un sufrimiento que empezó 2 años atrás cuando mató a su madre. Leyendo el párrafo siguiente, parece desprenderse que el sufrimiento de Eduardo se debe a tener que cuidar de su madre incapacitada durante años. Y quizás eso era lo que querías transmitir, pero no queda claro.
Un saludo

Silvina

23/09/2026 a las 17:08

Hola Alfonso, me tardé un poquito a leer, por problemas de timepo.
Leí tu relato y coincido con Ricardo, de que es una buena base para una novela.
En cuanto a estructura, solo puedo decirte que ( y esto es una opinión personal), me confundió un poquito el inicio, porque es como que habla de los demás, y luego en primera persona. Cuenta los secretos de los demás y desvela el del protagonista como una explicación, luego como arregla la mente de los demás(poder que a todos nos gustaría tener), para luego dejar el bombazo de lo que creo que pasó.
Me parece que todos los datos y párrafos están bien logrados, solo que me confunde la ubicación de cada uno. Y queda un poquito en el aire de como obtiene ése poder.
El final entiendo yo, que es a libre interpretación, pero por lo que insinúa está muy bien logrado.
Repito, que es solo mi opinión como lectora, nada más. Espero leer muchas cosas cosas más tuyas!
Saludos

Edi Vanel

11/10/2026 a las 01:42

Me encantó, me atrapó hasta el final, es el primer cuento que leo, soy nueva en la pagina. Si todo el nivel es así, me estoy arrepintiendo de haberme inscripto. Pensé que era para aficionados. Felicitaciones!!!

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