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Reinicio y final. - por AlfonsoR.
Web: https://pensamientodinamico2010.blogspot.com/
Todos guardaban algún secreto que habían sabido guardar celosamente durante todos estos años, pero que en cierto modo les iba comiendo el alma por dentro, ante la imposibilidad de expulsarlo como el que echa a un parásito de su cuerpo.
La relación con mis amigos había ido de más a menos, como era lógico. Cada uno de ellos tenía una vida por delante, y la mía en cambio, desde el accidente, siempre se mantuvo estancada, cerca de un ocaso que ahora parecía más cerca que nunca. Fue en sus últimas visitas, ya cada vez más espaciadas, cuando los secretos que albergaban me fueron revelados de forma silenciosa.
Claudia y Javier llevaban 20 años juntos, y tras ese tiempo, seguían siendo una pareja envidiada por amigos y conocidos, pese a que en ningún momento se habían planteado ser padres. Tras esa fachada idílica, Claudia le ocultaba a Javier que la noche anterior a su boda la había pasado en la cama de Eduardo, el mejor amigo de su actual marido.
Eduardo seguía aun soltero, pese a los intentos de Claudia por romper su matrimonio y estar con él.
Realmente esa opción nunca estuvo en sus pensamientos. Simplemente, no quería compartir su sufrimiento, ya que nuestro amigo vivía en un continuo estado de nervios, tras haber matado voluntariamente a su madre dos años atrás.
En estado casi vegetativo, condenada a una existencia en cama y con la asistencia de una máquina que la ayudaba a respirar, en cada mirada su madre le estaba implorando el descanso. La máquina funcionaba conectada a la red eléctrica, y tras armarse de valor, se las arregló, con sus conocimientos de ingeniería, para cortar la luz en toda la calle, el tiempo justo para que su madre se asfixiara y encontrara así su anhelado descanso. Eduardo sintió un enorme alivio de haber ayudado a su madre a encontrar el descanso que merecía, pero desde entonces vive con la incertidumbre de no saber si su secreto será descubierto algún día.
Eva también vivía sola, después de varias relaciones que no surtieron el efecto deseado. El paso de los años no parecía afectar a su imagen de chica guapa y sofisticada, que escondía un secreto que todos ignoraban. Para mantener su elevado tren de vida, Eva no tuvo otra opción que venderse como prostituta de lujo, un trabajo que suele conllevar riesgos difíciles de calibrar.
Mi secreto había comenzado mucho antes de que pudiera comprenderlo. Tras un accidente de coche, pasé varios meses en coma debido a un tumor que se extendió en mi cerebro.
Cuando desperté, mi vida ya no era la misma. El lado izquierdo de mi cuerpo estaba parcialmente paralizado, lo que me obligaba a caminar despacio para disimular una cojera.
Pero la peor secuela la descubrí poco antes de salir del hospital.
Una mañana me pareció escuchar una conversación entre el médico y su asistente. Hablaban de mí, pero ninguno de los dos movía los labios.
Me costó encontrarle sentido, pero después de unos días lo entendí.
Podía escuchar lo que pensaban.
Y con el tiempo descubrí algo más. No solo podía entrar sus mentes. Podía quedarme allí.
Podía recorrer sus recuerdos, tocar aquello que intentaban esconder y encontrar, debajo de todas lo accesorio, aquello que realmente les hacía daño.
Cuando se lo conté a mis amigos, al principio pensaron que estaba de broma. Después dejaron de reír.
Fue entonces cuando pude leerlo en sus mentes.
Claudia tenía miedo de quedarse sola. Javier tenía miedo de descubrir la verdad.
Eduardo vivía aterrorizado ante la posibilidad de que alguien reconstruyera la noche en que ayudó a morir a su madre.
Eva tenía miedo de que alguien la reconociera.
Y yo…Yo tenía miedo de morir. Así que decidí hacerles un último regalo.
Entré una última vez. No quería borrar sus recuerdos. Tampoco quería cambiar quiénes eran. Solo hice un barrido selectivo, eliminando aquello que pudiera seguir atormentándolos. Sus miedos, sus inseguridades, aquellas pequeñas heridas que llevaban años escondiendo.
Y dejé algo a cambio. Me aseguré de que ninguno pudiera olvidarme.
Quizá algún día se preguntarían por qué se sentían diferentes. Quizá recordarían nuestras conversaciones, nuestras risas, nuestros buenos momentos. Pero nunca recordarían aquello que les había hecho daño.
Cuando terminé, solo quedaba Claudia. Nos miramos durante unos segundos.
—Necesito que hagas una cosa por mí —le dije.
No preguntó qué.
Se acercó, me dio un beso en la mejilla, apagó las luces y contó hasta diez.
Ccomentarios (1):
Ricardo
19/09/2026 a las 20:32
Es una buena base para una novela de intriga. Ojala te decidas escribirla para leerla con calma. Te felicito.