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La gran estafa - por Daniel Calleja+18

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Todos guardaban algún secreto. Algunos por vergüenza, otros, para no herir sentimientos. Pequeños, grandes, gigantes, mínimos,trascendentes, triviales, profundos, superficiales. el de Walter era diferente a todos. Uno que deseaba gritar a los cuatro vientos, si no fuese por las terribles consecuencias que le acarrearía su revelación.
Un secreto guardado durante casi cuarenta años, desde aquel día en que con solo veintitrés años descubrió un fallo que le permitía quedarse con pequeños restos de algunas cuentas para su provecho.
Más de una vez exploró la posibilidad de mudarse a un país que no tuviera extradición con el suyo y desde allí contar su pequeño gran calotito contra el insensible sistema bancario. Un país donde, una vez jubilado, pudiera darse la gran vida que tantas veces había imaginado, gracias a ese dinero acumulado con aquella estrategia a todas luces ilegal.
Sin embargo, su ego herido por ser considerado por todos como uno más, un tonto, triste y gris empleado que nunca conseguía un ascenso mientras todos hacían carrera. Un tipo anónimo, cuyo nombre la mayoría ignoraba, el que nunca se sumaba a las actividades extra laborales y al que ya
nunca invitaban.
Soltero empedernido, sin hijos a los cuales presumir ni un lugar al que llamar hogar, las mujeres en su vida fueron apenas un medio para calmar sus instintos más básico, pagando por sus servicios en la mayoría de las ocasiones.
Soñaba con ver su historia convertida en miniserie (una película le parecía insuficiente). Las plataformas se pelearían por comprarle los derechos de su historia, cuando por fin se decidiera a publicar la autobiografía que llevaba años escribiendo.
“El hombre que engañó al sistema” y “Más astuto que Elon Musk” eran dos de los títulos provisorios de su libro, resaltando el triunfo de un hombre común contra un sistema que se creía intocable.
Esa noche, en la despedida que sus compañeros le habían organizado —y a la que solo aceptó ir con la idea de alardear de su hazaña —el alcohol se le subió a la cabeza y contó más de lo debido. Relató su hazaña con todo detalle, en presencia del gerente general y el presidente del banco.
—Voy a contarles un secreto que ninguno de ustedes se imagina. Uno que me ha hecho más rico de lo que algunos nunca podrán imaginar ­—comenzó diciendo envalentonado. Acto seguido, relató la estafa con lujo de detalles.
Cuando terminó, sintió sobre sí la mirada de todos, mezcla de pena y risa. Sus compañeros se miraban sin animarse a hablar, hasta que María, la única que había tratado de advertirle antes de su error y se había arrepentido a causa de lo mal que él la trataba.
—Walter, varias veces quise advertirte. Pero vos, que sos un machista de mierda y me corrías diciendo que si no era para coger ni te hablara, nunca quisiste escucharme. Ese banco no existe, esa cuenta está en una página falsa que los de sistemas crearon cuando descubrieron lo que estabas haciendo. Esa guita que creíste robar nunca salió de este banco.
—Mentís. Sos una hija de puta cómo todas las mujeres.
—Y vos sos el rey de los idiotas. Y encima un machista recalcitrante, misógino de porquería. Te vas a morir solo, ni los perros te quieren. ¿Sabés por qué te organizaron esta despedida? Porque estaban seguros de que no ibas a venir.
Tuvieron que atajar a Walter para que no agrediera a su compañera. Ahora entendía. Si nadie lo soportaba. Era obvio que no lo esperaban en la despedida. Pero lo otro era mentira. Trató de entrar a la página del banco suizo. Puso su usuario y contraseña. Demoró en cargar, cuando terminó apareció un mensaje a página entera: “Bienvenido a su banco imaginario, pe-lo-tu-do”. No podía ser. Esto no iba a quedar así.

Finalmente, su sueño de fama se cumplió, aunque no cómo él esperaba. Su foto en primera plana de todos los diarios, su nombre en los titulares de todos los informativos.
—Walter Gómez, de sesenta años, se quitó la vida de forma inesperada —relató la informativista—, colgándose de una viga en el hall del mismo banco donde había trabajado cuarenta años. El guardia nocturno que lo encontró y dio aviso a la policía, manifestó con tristeza que el hombre no tenía familia y a lo mejor, al jubilarse, sintió que su vida no tenía sentido.

Ccomentarios (1):

Daniel Calleja

20/09/2026 a las 02:19

Un calotito es el diminutivo de calote, un término coloquial y popular en Uruguay y Argentina que significa estafa o engaño. Lo aclaro porque es un localismo poco conocido y lo puse en homenaje al gran Mario Benedetti. Lo otro, y no es una disculpa. Se me colaron algunos errores de puntuación y mayúsculas,”Algunos por vergüenza, otros, para no herir sentimientos.La segunda coma se coló. “El de Walter” me comí la mayúscula. Lo digo para que no se compliquen mucho comentando esos errores, aunque si quieren hacerlo no me molesta. Estoy seguro que van a encontrar otros y las críticas más que los elogios nos ayudan a mejorar.

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