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Ética profesional - por Alberto Cabrera

Web: https://www.instagram.com/escritoriletrado/

Todos guardaban algún secreto, de otro modo no acabarían en la consulta de un psicólogo. Tras 25 años observando a sus pacientes, aquella era la conclusión a la que Manuel había llegado.
La mayoría de las personas a las que atendía ocultaban cosas tremendamente banales, como padres ligeramente ausentes o infancias relativamente infelices que habían dado pie a problemas que, más allá de lo que los principios de su profesión le decían, a Manuel no le parecían particularmente importantes.

Otros tenían historias que, por terribles que fueran, no dejaban de ser comunes. Había terminado por insensibilizarse. Tras tantos años escuchando como decenas de vidas habían sido destrozadas por actos tan atroces como frecuentes, su empatía se había visto reemplazada por un frío automatismo. Ofrecía su ayuda y aliviaba los traumas con la misma precisión y profesionalismo que se podría esperar de cualquiera con sus mismas cualificaciones, pero sin un ápice de conexión humana, ni tan siquiera se veía afectado ya, como lo había hecho antaño, cuando aún le importaban sus pacientes.
La psicología le había atraído con sus promesas de ayudarle a entender su propia mente, y de ayudar a sanar la de los demás, pero no contaba con que el paso del tiempo acabaría con su pasión y volviendo todo más anodino.

Pero aún había algo con lo que Manuel disfrutaba dentro de su profesión, y era de desentrañar las incógnitas realmente extrañas: la del paciente que rescataba animales heridos para mantenerlos convalecientes todo el tiempo que le resultara posible; un cajón que ocultaba uñas cortadas a lo largo de décadas, hasta el punto de que era ya casi imposible cerrarlo; el frigorífico de un técnico de laboratorio, lleno de muestras de sangre ya analizadas pertenecientes a personas anónimas.

Todas estas anomalías respondían a un motivo. Habían tenido desencadenantes que, al no haber sido tratados a tiempo habían llevado a sus pacientes a desarrollar comportamientos para los que la palabra "excéntrico" se quedaba bastante corta.
El mayor placer en la vida de Manuel era sacar a relucir estos misterios, encontrar su origen y purgar la fuente del problema.
Por absurdos que resultasen en ocasiones los traumas que daban lugar a semejantes comportamientos, el proceso que llevaba a su diagnóstico y posterior tratamiento seguía resultando apasionante. Ayudar en el proceso a que la vida se hiciera un poco más llevadera para estos pacientes no era algo que le diera satisfacción alguna.

Manuel también tenía un secreto, por supuesto. El suyo era una cena semanal en la que con varias botellas de vino de por medio, él y sus colegas de profesión compartían sus respectivos hallazgos, para después competir por cuál era la historia más fascinante.
En estas veladas, en las que disfrutaban de platos preparados por distintos cocineros de renombre, pervertían los principios éticos en los que se fundamentaba su profesión.
Le importaba poco o nada ganar, pues lo que apostaban era apenas simbólico. Para Manuel lo verdaderamente hermoso de aquellas noches era que le recordaban que la mente humana aún podía resultar sorprendente y hermosa.
Todos los secretos surgían a la luz, y ellos deberían haberlo tenido en cuenta. A fin de cuentas, no eran particularmente discretos. Además de a un cocinero distinto cada semana, también se tomaban la molestia de contratar a camareros y a empleados de limpieza que tratasen de todo para que ellos pudieran limitarse a disfrutar. Eran personas anónimas en las que no reparaban en absoluto, y les resultaba indiferente si prestaban o no atención a la temática de sus conversaciones. Quizá deberían haberles tenido un poco más en consideración. De haberlo hecho, quizá alguno de ellos hubiera visto a través del rudimentario disfraz del cocinero que preparó la que sería, para todos, ellos su última cena.

Comentarios (3):

Dairo

21/09/2026 a las 11:33

Hola
Disfruté mucho al leer tu relato. La forma tan bien expuesta de como se pierde la sensibilización con respecto a algunos temas, que vemos en muchas profesiones. En este caso, el sicólogo que de tanto ver traumas repetidos ya ha perdido el toque humano.
En este caso me llama mucho la atención como no solo ha perdido la sensibilidad, sino que entra en el morbo de compartir los secretos de su paciente, haciendo una fiesta de ellos, violando la línea ética.
El final me sorprendió, no lo ví venir. Me imagino a algún paciente que se enteró de lo que hacen, o será algún auxiliar del consultorio. Un final asombroso.

Ana Piera

22/09/2026 a las 02:32

Hola, Alberto, me toca comentar tu relato, aquí voy:

La idea de los secretos es atractiva y engancha desde el inicio.
Los comportamientos extraños son muy visuales y logran impactar.
La última cena con el cocinero disfrazado deja con una sensación de inquietud.

Áreas de oportunidad:

Exposición excesiva. Gran parte del relato explica la insensibilización de Manuel en forma directa. Sería más efectivo mostrar gestos, pensamientos o reacciones físicas en vez de solo describirlo.

Final abrupto: El desenlace llega de golpe, sin pistas previas que nos preparen para esa venganza. Quizá indicios o tensiones con algún paciente nos prepararía mejor para lo que pasa al final.

Aunque se describe la rutina y el desencanto del protagonista, falta explorar su mundo interno. Qué siente al perder la empatía, cómo se relaciona con su propio vacío. Eso daría mayor densidad al personaje.

En general, tu relato tiene imágenes muy potentes y un desenlace que atrapa; con algunos ajustes puede convertirse en algo aún más memorable. Un gusto haberte leído.

Cristina B.

27/09/2026 a las 11:31

Hola Alberto!!

Me ha gustado tu escritura. Incluso sin diálogos, siento que el relato fluye bien y que la puntuación así como la división de párrafos ayuda al ritmo, que no es ni lento ni rápido, fluye.

Creo que sí que me hubiese gustado que se desarrollase un poco más esa parte en la que cuentas el tipo de reuniones que tiene con sus compañeros de profesión y, quizás, un poco menos la primera parte donde entendemos perfectamente su apatía actual hacia su profesión del día a día frente a casos especialmente raros. Siento que se podría haber explicado igual de entendible reduciendo un poco esa parte y extendiendo la de su secreto.

Y todo esto me lleva al final. La verdad es que me ha gustado porque no me lo esperaba para nada, pero a su vez, puede que se me haya hecho un poco abrupto. Por eso, quizás alargando un poco la parte que te comentaba, se pudiesen haber metido un par de pistas que creasen tension… No sé, es solo mi opinión 🙂

Como te comentaba, da gusto leerte y transmites muy bien los sentimientos del protagonista hacia su profesión, tanto los negativos como los positivos.

Gracias por tu relato, saludos!

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