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Secretos ocultos en bóveda de cemento - por Galia+18
Web: https://poesiadesdeelsentimiento.blogspot.com/
Fotografía en blanco y negro
Amontonó todas las cajas junto a la puerta de ingreso.
En pocos momentos llegaría el camión de la mudanza y no lo quería hacer esperar.
En el apuro, tropezó con una de ellas que se abrió y se desparramaron un montón de fotos en blanco y negro tomadas muchos años atrás.
Sus ojos se detuvieron en la que se veía joven, aún, en la puerta de la facultad.
Lo que más le llamó la atención, fue observar que la reja que resguardaba el ingreso al edificio estaba arrancada y a su alrededor había mochilas abiertas con libros desparramados y algunas zapatillas sueltas, sin dueño. Presencia de ausencias—, pensó.
Intentó ingresar a los laberintos de su memoria, pero fue en vano, no recordaba haber estado en ese momento, en el lugar.
Reconocía, sí, que era el ámbito donde cursó su carrera de Comunicación Social y donde padeció un trozo de la lucha fratricida que marcó la argentina en esos años.
Aun así, esa foto no le decía nada, no la ubicaba en ningún recoveco de su historia personal, aunque evidentemente la que salía del lugar, era ella.
El camión de la mudanza anunció presencia por lo que, apresurada, guardó el retrato en su cartera para poderla desentrañar finalizado el traslado.
Tres días después, ya con la casa medianamente acomodada, fue a pagar a un proveedor y al abrir el bolso, apareció la foto, imagen de ese fragmento de vida en blanco y negro para Clara irreconocible.
Por las características técnicas, sospechó que la había tomado su marido, fotógrafo profesional y compañero de estudios en esa etapa de su vida.
A la noche, decidió mostrársela y el grito de él, le despertó alarma.
Víctor comenzó así su relato: — eran los años setenta.
El decadente gobierno de Isabel Perón había caído con la irrupción de un golpe militar, el más sangriento, quizás que nuestro país hubiera conocido.
Pero los militares no actuaban solos. En la vereda de enfrente había un grupo de insurgentes que en nombre de una “ideología de la liberación” secuestraban, mataban, ponían bombas.
Muchos de ellos eran compañeros nuestros.
Esa noche era el último parcial de Informática. Yo te sugerí que no fueras pues había escuchado rumores de que tomarían la facultad.
Vos, terca como una mula, insististe en ir pues no querías perder la promoción, yo me negué a acompañarte. —
Pantallazos de ese día empezaron a burbujear en la cabeza de Clara y su mente empezó a transmitir flashes de esa noche:
A los quince minutos de iniciar el examen, sintió gritos y portazos.
“Facultad tomada”—, gritaron.
Alaridos y corridas es lo que siguió después.
Tres horas estuvo sentada en el pupitre, con la cabeza gacha, los oídos tapados para no escuchar las arengas y los ojos cerrados para no ver lo que acontecía a su alrededor.
Transcurrido ese tiempo, sintió que tiraban la reja abajo y entraban las “fuerzas del orden” apuntándolos.
Les hicieron poner contra la pared, los empujaron, los palparon. Eso, los que mejor suerte tuvieron, otros fueron arrastrados a los carros de asalto y nunca más se supo de ellos.
A la seis de la mañana, con las piernas tembleques y entumecida de tanto estar parada frente al muro, escuchó la voz autoritaria que les ordenaba que bajasen los brazos y salieran del edificio.
Llegar hasta el umbral de la puerta fue una prueba que le costó pedazos de vida. Apenas podía respirar.
—Yo te esperé toda la noche en los aledaños, ocultándome en los zaguanes de los edificios vecinos, —siguió relatando, Víctor.
—Te tomé la foto cuando te vi salir, quería dejar y dejarme constancia que de estabas viva, íntegra, de que eras vos.
Te abracé como nunca lo había hecho y sequé con mis labios tus lágrimas. —
Clara volvió a mirar el retrato, ahora sabía qué representaba, pero su mente quería mantenerse ajena, quería sepultar definitivamente esa noche de terror con la llave del olvido.
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