Literautas - Tu escuela de escritura

<< Volver a la lista de textos

Por fortuna no vió la fotografía - por Alberto Suárez VillamizarR.

POR FORTUNA NO VIO LA FOTOGRAFIA
Al regresar a casa observó que las gavetas del viejo escritorio habían sido vaciadas, y su contenido se encontraba esparcido por el piso de la habitación, señal de que su esposa había estado revisando su contenido. Se sentó en el suelo y empezó a recoger los objetos que a su juicio seguirían teniendo alguna importancia y debían conservarse. Encontró la vieja navaja suiza, que fuera de gran utilidad cuando trabajó en la construcción de una vía en la selva; así mismo el encendedor recargable que usó en su época de fumador. Recogió varios objetos de los que no había querido deshacerse, por su utilidad o el valor sentimental que para él representaba.

Se ocupó en esa revisión sin notar el paso del tiempo. Quiso ir a la cocina a prepararse un café cuando se detuvo al observar en el fondo de uno de los cajones una fotografía amarillenta por el paso del tiempo, donde se veía él abrazando a una muchacha de cabello ondulado y piel morena. Trató de recordar donde se había tomado esa fotografía y quien era la muchacha que lo acompañaba. Repaso los distintos lugares donde había estado trabajando, y las mujeres que habían pasado por su vida, sin lograr resolver su duda. Alzó la mirada y observó que en el reloj que pendía de la pared eran las 11: 00 a.m. y su esposa no regresaba.

Una imagen pasó por su mente:

Su esposa había estado examinando el contenido de su escritorio en busca de algún secreto que allí se ocultara. Seguramente encontró la fotografía y presa de los celos había decidido abandonarlo, como le había anunciado en ocasiones anteriores, si le descubría alguna muestra de su infidelidad, y para ella esa vieja fotografía sería una prueba suficiente.

Se dirigió a la habitación que ella ocupaba, pues desde hace unos años habían decidido dormir en cuartos separados. La vivienda tenía tres habitaciones: una para ella, otra para él, y la tercera se utilizaba como el cuarto de “San Alejo”, o de las cosas olvidadas. La puerta se encontraba con seguro y no pudo entrar, y en la mesa de la peinadora que tenían en el corredor encontró junto al espejo un recipiente con cenizas de cigarrillo..

«Se ha enojado de tal manera que ha vuelto a fumar»

Conocía bien a su esposa, y sus reacciones en momentos de ira. Se lamentó por no haberse desecho de esa fotografía que se había convertido en la causa de su enojo. Pero, ¿cómo hacerlo, si no recordaba su existencia?. Ahora no tenía idea de donde ir, ni donde buscar a su esposa para tratar de aclarar la situación.

Se encontraba sumido en sus pensamientos cuando escuchó

—Toc, toc, toc…

Alguien llamaba a la puerta. Por la ahora debía de tratarse de algún mendigo, de aquellos que suelen aparecer a la hora del almuerzo buscando un bocado de comida para saciar su hambre.

—Toc, toc, toc… se repitió el toque con más prisa.

Molesto se dirigió a la puerta con el propósito de despachar a quien estuviera tocando. Abrió la puerta e incrédulo vio que se trataba de su esposa, que sudorosa le observaba desde afuera. Conteniendo el aliento, y con el deseo de evitar que los vecinos se enteraran de la discusión que se avecinaba, se apresuró a hacerla pasar.

«La ropa sucia se lava en casa» – pensó.

—¿Qué pasó, por qué no abrías? —dijo ella secando unas gruesas gotas de sudor que corrían por su frente.
—Es que…—titubeo Carlos al responder—, temiendo el altercado que tendría al tratar de dar las explicaciones que le pediría su esposa sobre aquella fotografía.
—Bueno, bueno —dijo ella — debemos darnos prisa. No demora en venir el cerrajero para que abra la puerta de mi habitación y sacar los víveres que traje del mercado para hacer el almuerzo. En mi afán de salir a preparar la comida los dejé dentro de la habitación poniendo seguro a la puerta. Al buscar en los bolsillos del vestido y darme cuenta que no tenía las llaves, traté de buscar en las gavetas del escritorio otra llave para poder abrir. En vista de que no la encontré entre las cosas que guardas, salí a buscar el cerrajero para que nos abra la puerta.

—Entonces, ¿buscabas un duplicado de esa llave en mi escritorio? —dijo perplejo él.
— Así es, pero como vives botando todo, seguramente ya no la tienes..

—«¡Ostras!…por fortuna no vio la fotografía!»

FIN

Comentarios (0)

Deja un comentario:

Tu dirección de correo no se publicará. Los campos obligatorios aparecen marcados *