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Mi Chari - por ÁngelaR.

Son casi las ocho así que voy rápido al baño a ver qué sugerencia me propone hoy Cintia. Cada vez me gusta más el nombre que le he puesto a nuestra IA, es elegante. Llamarla “la Chari” como hace Lucas me haría encariñarme con algo que no deja de ser una tecnología a nuestro servicio; lo humanizaría demasiado.

También ha sido un acierto programarla para que me muestre cada mañana una sola imagen en el espejo del baño. A mí no me sirve el programa que trae cargado de fábrica. ¿Cómo voy a partir de ideas ya elaboradas, cuando soy yo la que tengo que escribir mi propia visión de lo que está ocurriendo? Si lo hiciera no sería la famosa reportera Lola. Hasta ahora las secuencias que Cintia ha elegido me han sido de mucha utilidad. Actúan como disparadores de ideas, de sensaciones, de pensamientos complejos.

¿Qué demonios es esto? ¡Pero si soy yo en Catania! No sabía que había aparecido en una foto gritando con el resto de pasajeros a los que dejaron colgados. Aquella erupción del Etna provocó la suspensión de todos los vuelos. Ya ni me acordaba del follón con la compañía aérea. El cambio de rumbo que dio mi vida después borró de mi memoria la mala experiencia en el aeropuerto. Probablemente Cintia la ha encontrado entre las noticias que hablan de las erupciones en Sicilia; y la eligió porque salgo en ella. No acabo de acostumbrarme a la cantidad de datos que maneja una IA en sus búsquedas. Elegir una imagen entre miles para traer a mi mente muchas ideas a la vez es extraordinariamente complejo. Y esta es justo lo que necesito para mi artículo de hoy.

Debe hacer más de diez años de mi viaje por Europa con Ricardo. Qué alivio cuando me dejó sola en Catania y se fue a Palermo para coger el vuelo de vuelta. Nuestra relación no daba para más, y las tres semanas juntos cogiendo trenes y agotando horas en acuerdos que no siempre llegaban nos dio el empujoncito que no nos atrevíamos a darle en Granada.

¡Cómo me ayudó el concentrado de belleza que me dio Catania para recuperarme de tanta tensión acumulada!

Nunca olvidaré aquella intensa columna de ceniza que se alzaba sobre la cicatriz ardiente de lava cosida a las faldas del Etna. Ese olor espeso de los gases borboteando en el magma que lamía los valles de los pueblos al pie del volcán. O la mastodóntica palmera incandescente que vi brotando del cráter la noche que pasé en Nicolosi. Fue allí donde perdí mi ilusión por los fuegos artificiales; ninguna traca de feria puede parecerse siquiera al espectáculo que la naturaleza me regaló durante unos días.

Bueno, los lugareños no lo veían con ese romanticismo. La exposición a la ceniza volcánica les afectaba los pulmones, los ojos, y hasta los nervios. Los animales en el campo se intoxicaban al comer la hierba ennegrecida. Las autoridades no los tomaban en serio; trataban cada erupción como un hecho fortuito aislado de las anteriores, en lugar de como un problema inevitablemente habitual.

La doble cara de todas las monedas, las erupciones atraen turistas y castigan a los residentes. Mi vuelo fue cancelado, y al quedarme una semana en la zona pude conocer a Lucas. Él aún conserva el aspecto juvenil del estudiante que conocí en Zafferana. O quizás soy yo quien lo veo así porque sigo muy enamorada.

Se me está haciendo tarde de tanto recordar, pero voy a transformar todas mis nostalgias en el mejor artículo de la edición de hoy. Hasta voy a incluir el giro que introdujo Lucas con su proyecto para aprovechar las cenizas. Su originalidad de dejar de llamarlas residuos para tratarlas como valiosos recursos naturales que pueden ser usados, por ejemplo, como cemento en la construcción. Igual consigo que ahora le hagan más caso del que le hicieron entonces en su universidad.

¡Cintia, desbloquea la puerta! ¡No puedo salir!

Otra vez se ha caído la red. Nos ha llegado la tecnología demasiado pronto. Menos mal que pedí que me hicieran una llave para casos como estos en los que un fallo eléctrico anula el sofisticado sistema domótico. No podré hacerme un café, pero al menos puedo abrir la puerta y salir a la calle. Ya le daré las gracias a Cintia esta tarde. Uff, me está pasando, me estoy haciendo amiga de mi personaje robótico. Al final Lucas va a tener razón cuando habla de su Chari con tanto cariño.

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