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Pecados ocultos - por Juan AntonioR.+18

Siempre he tenido la sensación de no encajar, sin embargo, no pensaba que este día lo cambiaría todo.
Abrí la puerta de casa y vi algo en el suelo.
Era una foto mía, pero era muy extraño, estaba a los pies de la torre Eiffel, pero yo nunca he estado en París.
Le di la vuelta y por detrás había una fecha, 31 de marzo de 1889. ¿Cómo era posible? ¿Quién me habría pasado esta foto por debajo de la puerta?
—Debe de ser una broma, seguro que han hecho el montaje con IA—
Busqué la fecha en internet y descubrí que era de la inauguración de la torre Eiffel.
—¿Pero qué tipo de broma de mal gusto es esta?—
Decidí irme a dormir y no darle más vueltas.
​Todo era una fiesta, la inauguración más grande que se ha visto en toda Francia. Todos se habían puesto elegantes y admiraban su torre.
—Es el momento perfecto, nadie se dará cuenta, hay demasiado ruido—
Me separé de la multitud y seguí a mi presa hasta que entró en una calle aislada. Podía oler su perfume desde aquí. Justo antes de lanzarme a por ella miré mi reflejo en el espejo que tenía al lado.
​—Aaaah, ¿qué ha sido eso? Joder, solo era una pesadilla—
El corazón me iba a mil por hora y estaba empapado en sudor.
—Esa maldita foto, era tan real… Pero no parecía yo, sentía ansiedad todo el tiempo y ¿por qué estaba siguiendo a esa chica?—
Pero lo peor fueron esos ojos negros como la noche que vi en el espejo, no parecían de este mundo.
​A la mañana siguiente, justo en el suelo donde la noche anterior encontré la foto, había otra.
Esta vez estaba delante de la torre del reloj de Londres. Por detrás volvía a haber una fecha, 31 de mayo de 1859. Era la fecha en la que se puso en marcha el reloj.
Un momento, ¿cómo podía saberlo?
—Esto ya no tiene ninguna gracia—
Abrí la puerta y miré a ambos lados del pasillo, pero no había nadie.
​—Hola, Joseph— dijo una voz al fondo del salón.
​—¿Quién hay ahí? Lárgate o llamaré a la policía.—
​—¿Así es como le das la bienvenida a tu hermano después de 120 años sin vernos?—
​—¿Qué dices? Yo tengo 35 años y no tengo hermanos. En serio, lárgate antes de que venga la policía y te metas en serios problemas—
​—Ja, ja, ja, ja, llevo siglos metiéndome en problemas. Veo que al final lo hiciste, conseguiste que te borraran los recuerdos para olvidar tus pecados.—
​¿Pecados? ¿De qué habla este tío?
Entonces el intruso se levantó y se acercó hacia mí lentamente hasta que llegó a la luz de la lámpara y pude verle la cara y los ojos. Eran como los de mi sueño.
​—¿Eres tú quien me dio esas fotos, verdad? Por tu culpa tuve esa pesadilla—
​—Así es, Joseph, yo te di esas fotos; de hecho, fui yo quien las hizo.—
​Un escalofrío me recorrió el alma.
​—Y esa pesadilla de la que hablas no era solo una pesadilla, era un recuerdo, uno de tantos que compartimos, hermano—
​—¡Deja de llamarme hermano! No eres mi hermano. No sé qué quieres de mí, pero ya me he cansado—
​Fui corriendo a la cocina y cogí un cuchillo, me di la vuelta y ahí estaba.
—¿Cómo has llegado tan rápido aquí?—
—Ja, ja, ja, ja, esto es muy divertido, pero ya va siendo hora de que dejemos de jugar.—
​Entonces el intruso me cogió la mano en la que tenía el cuchillo tan rápido que no pude verlo. Intenté que me soltara, pero tenía una fuerza increíble.
—¿Qué eres?
—Soy lo mismo que tú… un vampiro—.
​La sangre se me heló y, justo entonces, el intruso llevó mi mano con el cuchillo hacia él y se apuñaló en el estómago.
—¿Qué coño haces, tío? Estás como una cabra.—
El cuchillo cayó al suelo. Ninguno de los dos nos movíamos, hasta que escuché cómo volvía a reírse. Volvió a ponerse erguido, se abrió la camisa y pude verlo: había sangre, pero no había ninguna herida.
Entonces me puso la mano ensangrentada en la boca mientras me decía:
—Bebe—
Intenté apartarlo, pero era imposible. De pronto, todo se volvió oscuro.
Abrí los ojos, estaba en el suelo, aturdido. Comencé a levantarme y sentí que la cabeza me ardía.
—¿James? ¿Qué ha pasado?—
—Bienvenido, hermano—

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