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¿Machu Picchu? - por Daniel C.R.

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Luego de una semana de trabajo intenso estaba decidido a aprovechar el fin de semana largo al máximo. Tenía todo calculado. La mochila pronta desde la noche anterior, las empanadas para el almuerzo junto con el jugo de naranja, el botiquín para emergencias sanitarias o mecánicas y el repelente contra los mosquitos. La bicicleta ajustada, el casco y los lentes de sol junto con los guantes, algo de dinero por si acaso, el cepillo de dientes, pañuelos descartables, documentos y el celular.
Nada podía salir mal. El sol brillaba, la temperatura era agradable y el viento suave. Perdí unos minutos revisando el gas y buscando las llaves. Y cuando estaba por salir, sonó el timbre. ¿Quién venía a arruinar mi sábado perfecto? Mi hermanita menor. Quién si no.
Laura entró luego de darme uno de sus asfixiantes abrazos y me señaló una caja junto a la puerta.
—Éntrala, por favor, es un poco pesada.
Levanté la caja y la puse sobre la mesa.
—Laura, estaba por salir. Podías haber llamado antes de venir,¿no? Dos minutos más y ya no me encontrabas.
—¿Tengo que pedir permiso para visitar a mi hermano?
—No, pero… no importa. ¿Pasó algo?
—No. Ayer estuvo en lo de mamá y me dio esta caja para vos. Preguntó cuando ibas a ir a visitarla.
—Cuando tenga tiempo —me excusé.
—Espero que no sea demasiado tarde. Ya no es una jovencita. Y te extraña.
—Si viniste a reprocharme porque no voy hace…
—Más de tres meses.
—¿Tanto? ¡Cómo pasa el tiempo? En serio, ¿a qué viniste?
—A traerte esa caja que mamá te estaba guardando. Cosas tuyas de la infancia. Las quiere repartir antes de … bueno… ya sabés.
—Por eso me cuesta ir a verla. Jode y jode con que le queda poco. Me deprime. Bastante mal me tiene mi divorcio.
Laura rió.
—Te sacaste un clavo de encima.
Laura tenía razón. No dije nada y me puse a revisar la caja. Boletines escolares, mis primeros zapatos de fútbol, dibujos. Y fotos. Muchas. Algunas en blanco y negro. Una de ellas atrajo mi atención.
—No sabía que los viejos habían estado en Machu Picchu. ¡Qué joven parece papá!
Laura me arrancó la foto de las manos.
—Porque no es papá. Sos vos. Fijate bien.
—Si fuera yo me acordaría, ¿no te parece? Dame la foto.
Me dejé caer en el sillón con la foto frente a mis ojos, sin poder dejar de mirarla. Era yo. Claro que era yo. Miré el año en el reverso. Era de treinta años atrás. Recordaba a mamá con ese cabello rubio ceniza por una tinta mal hecha. Y mi ridículo bozo que me hacía sentir tan hombre a los doce años.
—Es imposible, Laura, no puedo haber olvidado ese viaje.
—Y sin embargo, esa cara algo más vieja es la que ves todas las mañanas en el espejo. En fin, me voy.
— ¡Ya sé que pasó! ¿La hiciste con IA, verdad? Y arrugaste el papel para que parezca viejo. ¡Te pesqué!
—Claro, como no tengo nada mejor qué hacer. Con un marido medio inútil y tres hijos adolescentes que atender. No seas pelotilla.
Laura me regaló otro de sus abrazos y se fue. Yo arranqué en la bicicleta con la foto en la mochila y la cabeza dando vueltas. ¿Podría haber olvidado semejante viaje? ¿La crisis de los cuarenta me borró la memoria?
Mientras pedaleaba sin rumbo aparente, recordé que en mi último año escolar estuve obsesionado con las civilizaciones precolombinas. Incluso pensé ser arqueólogo, uno aventurero como Indiana Jones.
Sin darme cuentan cómo, al rato me encontré frente a la casa de mi infancia y toqué timbre. Mamá me recibió con su mejor sonrisa y un abrazo apretado. No me reprochó mi larga ausencia.
­—Perdón, mamá —dije con lágrimas asomando a mis ojos—. He sido muy egoísta.
Ella tomó mi mano y sonrió.
—No se preocupe, mijo. Usted trabaja mucho.
Quise decir que no, pero un nudo me cerraba la garganta.
Nos sentamos en el patio. Ella sonreía mientras me contaba con enésima vez su historia de amor con papá. Luego de hablar de mil cosas, le pregunté cuando estuvimos en Machu Picchu.
—Pero, mijo, ¿de dónde sacaste esa barbaridad?
Le mostré la foto. Se empezó a reír con tanta fuerza que me contagió.
—¿Te acordás cuando decías que ibas a ser arqueólogo?
—Sí, ¿y?
—Fuimos a una exposición y te quisiste sacar foto con todos los cuadros. Bien cerquita, para que pareciera que estabas ahí.

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