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IRONÍAS - por Cristina B.R.

Web: https://delunora.substack.com/

A modo de rendición, cerré la pestaña de Google y me llevé las manos a las sienes. Intenté relajarme, pero mis cervicales se curvaron casi en automático hacia abajo, dirigiendo mi mirada hacia la agenda “Follow your dreams – 2026” que tenía encima de la mesa. No pude evitar echar una risotada airada. Tenía todo lleno a partir de las 17h. Desde que salía de mi “apasionante” trabajo como administrativa, me convertía en una máquina de productividad:

17h – 18h ESTUDIAR INGLÉS
18h – 19h – CLASE DE PROGRAMACIÓN
19h – 20h – ESTUDIAR MANDARÍN
20h – 20:30h – CENAR
20:30h – 21:30h – CLASE DE ORATORIA

Y esto solo era el lunes, pero es que después del lunes venía el martes, y luego el miércoles, jueves e, inevitablemente, viernes. Viernes. Ese pozo sin fondo en el que hacía mis largas sesiones de estudio… pero ese día era lunes, reiniciaba todo y sabía que debía empezar con una energía más positiva.

Ahora me río de mí misma. Qué cansada estaba.

Recuerdo que pasé la página hacia la semana anterior y la anterior a esa. Parecían réplicas. Solía enorgullecerme de mi disciplina, de mi determinación, pero a veces no podía evitar preguntarme si servía de algo. Me repetía día tras día que tenía que dar más, que no me esforzaba lo suficiente.

Mi sueño era trabajar en una famosa empresa neoyorquina y saber idiomas y viajar y ser admirada por todos en la Gran Manzana… Lo que estaba haciendo entonces, trabajar y estudiar hasta la saciedad, era la llave para entrar a ese mundo. Era un sacrificio, pero sabía que podía hacerlo. Esa compañía me aseguraría un futuro, un sueldo inmejorable y una vida de lujo.

Me levanté para ir al baño y escuché un ligero clac. Quizás fuese mi rodilla, mi espalda o mis hombros, quejándose de las horas que pasaba frente al ordenador. No me importaba si luego podría permitirme un fisio gracias a mi trabajo soñado.

Me miré al espejo. Las líneas de expresión se me habían acentuado y parecía que las ojeras me querían obligar a dormir, pero hasta entonces no les había hecho caso.

¿Cuándo me había convertido en aquello? ¿Cuándo se había apagado toda esa pasión que tenía al terminar la universidad? Supongo que se redujo a cenizas, ocupando el hueco en el que un día se encontraba mi corazón.

Aquella noche hice lo que todas. Me repetí lo fuerte que era, que en el futuro mi historia sería una de esas de superación donde se demuestra que todo se consigue con esfuerzo.

Al día siguiente me desperté temprano para repasar vocabulario de mandarín antes de ir al trabajo, como era rutina. Desayuné, bajé para coger el bus, revisé el correo y ¡había una carta! Me acuerdo de que pensé que ojalá fuese la admisión al curso de intercambio cultural en el que quería utilizar mis pocos días de vacaciones.

Una vez en el bus y antes de abrir mi aplicación de inglés para entrenar mis dotes de reading, no me aguanté y rompí el sobre. No era una carta de bienvenida al programa, pero tampoco una carta de rechazo. Solo era una foto, una foto mía.

Aún puedo sentir el escalofrío por toda la columna vertebral y hasta mis mejillas. Definitivamente era yo, con el Empire State de fondo. La imagen mostraba una versión más brillante de mí, con una gran sonrisa y un bonito abrigo rosado, pero yo nunca había estado en Nueva York ¿Qué significaba aquello?

Le di la vuelta y vi una frase escrita en una de las esquinas:

“¿Debes dejar de vivir para vivir un sueño?
24 de diciembre de 2032”

Leer esa ironía fue como recolocar algo en mi mente y en mi pecho, incluso aunque todavía no lo pudiese entender del todo.

Volviendo al presente, hoy es 25 de diciembre. Sí, 25 de diciembre de 2032. Ayer fui con mi marido a ver el Empire State. Llevaba mi precioso abrigo rosa y me tomé una foto que, en cuanto la vi, supe lo que tenía que hacer con ella.

No tengo el trabajo con el que había soñado, ni sé todos los idiomas del mundo, ni me paso cada día en un país diferente. A veces pienso si hice bien en rendirme, pero entonces me doy cuenta de que la pregunta está mal formulada. Rendirse implica perder, y yo gané mucho más.

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