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LA CUEVA - por Carmen GonzálezR.
Hoy he ido a buscar las cenizas de mi esposa. Murió hace un mes de cáncer y aún estoy en shock. Debo cumplir con sus últimas voluntades, pero se me hace difícil desprenderme de ella.
Dejo las cenizas sobre la repisa de la chimenea, me miro al espejo y no me reconozco. Estos últimos meses los he dedicado a Elisa, mi esposa, ella se merecía toda mi atención y esfuerzo. Pero al final se ha ido, sin quejarse, siempre preocupada por cómo estaba yo.
Tengo que recoger sus cosas, pero no encuentro el momento adecuado. Me dejo caer en el sofá. Cojo la llave que abre la caja que contiene nuestras fotos favoritas. Reviso nuestros mejores recuerdos: París, Roma, Viena y las excursiones de espeleología, así fue como nos conocimos. Recuerdo lo torpe que era, se me notaba a leguas que me gustaba, y ella, una mujer perspicaz, se dio cuenta enseguida de que me moría por sus huesos.
Voy pasando las fotos una a una y, de repente, observo algo extraño, una fotografía en blanco y negro. En ella aparecen unos espeleólogos vestidos con ropas antiguas, como de principios de siglo, miro la foto con atención. Jamás la había visto antes. La sigo observando para ver si descifro dónde están las personas que salen en ella. Parece una cueva, pero no la reconozco.
Con una lupa voy aumentando cada rincón para descubrir alguna pista que me ayude a discernir de dónde ha salido la instantánea. Entonces lo veo, detrás de los espeleólogos hay alguien más, un hombre que no va vestido como los demás, su indumentaria parece más actual. Doy un bote hacia atrás en el sofá. No, no puede ser. Ese hombre se parece a mí. Me río de la estupidez que acabo de decir en voz alta. Acerco la lupa a su cara, que refleja sorpresa y, sí, compruebo que soy yo. Giro la fotografía y aparece una inscripción; un nombre y una fecha: Elvira Alonso, 1927. Cantabria. Recuerdo que Elisa me contó que su bisabuela pertenecía a un grupo de espeleólogos que hacían algunas investigaciones. Pero qué hago yo en esa foto, me pregunto.
Han pasado unos días desde que vi me reconocí en la foto. No puedo quitármela de cabeza. He decidido que iré al lugar y cumpliré con una de las últimas voluntades de mi mujer, que sus cenizas fueran esparcidas en una cueva.
He indagado un poco y he dado con el lugar exacto de la cueva. El viaje en coche es largo, pero estoy convencido de que la encontraré. Llevo las cenizas de Elisa conmigo. Sé que estaría contenta de acompañarme en esta nueva aventura.
Llego al bosque. Dejo el coche aparcado en el arcén. Cojo a Elisa y me adentro en él. Voy siguiendo las indicaciones de Google. Sigo el sendero que lleva hasta una zona boscosa, con unos robles centenarios por los que traspasan unos rayos de luz, que señalan las primeras horas del sol de la mañana. Siento como la humedad se va calando en los huesos y un escalofrío me recorre la espalda. Me acerco la mano a la mochila donde llevo a Elisa, noto su presencia por todas partes, sé que está conmigo, que me guía.
Paso junto a un riachuelo, donde hay unos castaños preciosos, sé que voy bien, me estoy acercando al lugar. Siento el olor de las hojas mojadas del amanecer, una gota cae en mi cara, está fresca y me reconforta.
Tras unos matorrales está la entrada a la cueva. Me adentro en ella, siento la humedad en las paredes que me rodean, debo ir con cuidado para no resbalar, el suelo se nota mojado. Llego a un punto en que la cueva se divide en dos pasillos, no sé cuál debería escoger. Noto cada vez más la presencia de Elisa que parece susurrarme al oído que escoja el de la derecha. No lo dudo y sigo su consejo. El pasillo se va haciendo cada vez más estrecho. Casi no puedo pasar. Me falta la respiración.
La luz es cada vez más tenue, no consigo ver apenas nada. Entonces, siento como una fuerza me arrastra hacia lo desconocido. La cabeza me da vueltas. Y, sin saber cómo, me encuentro de nuevo en la entrada de la cueva. Oigo voces en el exterior. Camino hacia ellas. Me acerco y, sorprendido, compruebo que son los exploradores de la foto, entonces un destello me ciega la vista. Nos han hecho una foto.
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