Literautas - Tu escuela de escritura

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Una realidad de mierda - por D. Llurba RomeroR.

Jon se puso la gorra y las gafas de sol, y bajó del taxi. El conductor lo dejó justo enfrente del hotel en el que había quedado. Debió haber entrado directamente, pero el mono le pudo. Sacó un pitillo y se lo encendió a toda prisa.
Eran las cuatro de la tarde y apenas había gente en las calles. Sin embargo, para un famoso, un solo transeúnte podía llegar a ser un incordio. Cada vez que se acercaba alguien, le daba la espalda. Se balanceaba sobre sus pies dando vueltas como una peonza, nervioso, con el humo del cigarro formando un remolino sobre su cabeza.
Sin pretenderlo, tanta inquietud llamó la atención del botones del hotel.
—Caballero, ¿puedo ayudarle en algo?
—No. Sí. Perdona —contestó mientras apagaba el pitillo en la fachada del edificio—. Ahora entro. He quedado con una amiga en el rooftop.
El botones miró el restregón de ceniza que luego le tocaría limpiar y dijo:
—Perfecto. Pues acompáñeme, si quiere, y le indico el ascensor que debe coger.
La recepción del hotel tenía más luz de la que podía abastecer una central nuclear. Un hall enorme y diáfano, con un espacio abierto de veinte pisos coronado más arriba por una bóveda de cristal. El botones llamó al ascensor, que se abrió al segundo, y con un gesto lo invitó a entrar. Marcó la azotea y le dio intimidad.
Mientras subía Jon se quitó las gafas y la gorra, y empezó a atusarse el pelo frente al espejo. Para él, el hotel ya era un espacio seguro de fans. Para cualquier problema siempre podía llamar a seguridad.
Último piso. Olisqueo de axilas, mirada sexy, espray para el aliento. Listo para salir.
El recepcionista de la terraza inició su recibimiento mántrico hasta que lo reconoció.
—¡Oh, señor Verona! Qué privilegio tenerle aquí ¿Qué mesa desea?
Jon buscó un rostro familiar entre todas las mesas del recinto hasta que dio con ella.
—Sí, mire. —Señaló—. Estoy con esa chica.
—Ah. Era usted. Claro. Adelante.
Le hizo el ademán y Jon avanzó con paso decidido hacia la mesa.
La chica miraba al horizonte con evidente enfado. Jon lo percibió y, como un verdadero hombre, evitó afrontar el problema y saludó con disimulo.
—¡Eh! ¿Cómo está la chica más guapa de esta terraza? ¿Te gusta? Hay unas vistas increíbles, ¿verdad?
Ella le dio dos besos con dignidad, aunque su rictus no cambió. Jon se sentó.
Lo afrontó.
—¿Va todo bien?
Silencio.
—¿Es porque he llegado tarde?
Ella lo miró inquisitivamente.
Silencio.
Incómodo.
—¡Venga, va, tía! ¿No me lo vas a decir?
—No sé, Jon. No sé qué quieres que te diga. Si la culpa es mía, que soy estúpida y ya sabía que esto iba a pasar —dijo al fin.
—Y… ¿Me vas a decir qué es lo que ha pasado?
Ella arrojó su teléfono sobre la mesa y en la pantalla se podía ver una imagen. Lo cogió para verla más de cerca: en la foto salía él con la actriz del momento dándose un beso de película.
Mientras él entraba en shock, ella se acercó para deslizar el dedo sobre la pantalla y seguir pasando una foto tras otra. En todas aparecía Jon en una suerte de anuncio de colonia. Y sí, el anuncio incluía un beso.
—Ma… María. Estoy flipando. ¿De dónde has sacado esto?
—Primero me lo pasó Helena y pensé: es IA. Pero hoy me meto en redes y ¡me salta el anuncio! —Recuperó su móvil de un aguijonazo—. Una no sabe qué creer, pero si te sale sin buscarlo ¡blanco y en botella!
Él sudaba muy fuerte.
—Espera un momento. No puede ser. —Se bloqueó—. Tengo que hacer una llamada.
Se levantó sin esperar aprobación y se alejó mientras buscaba el número de su representante.
Llamó.
Lo cogió.
—Sergio. ¿Me puedes explicar por qué salgo en un anuncio morreándome con Lidia Ibarra? Y, créeme, me acordaría.
Jon escuchó un profundo suspiro previo a respuesta.
—Sabía que esto pasaría. —Otro suspiro—. Jon, ¿tú te acuerdas del contrato que firmamos hace un mes?
—¿El de CreativeEngine?
—Pues eso.
—No te creo. Pero sí parece de verdad. Lo ves y dices: «¡soy yo!»
—Da auténtico miedo —reconoció.
—¿Y el dinero del anuncio? Lo cobraremos por lo menos, ¿no?
—No, Jon. Te lo advertí: «Les estás dando la llave de tus derechos de imagen», pero preferiste llevártelos calentitos. Y ahora. Esta es la nueva realidad.
—Sí… Una realidad de mierda.

Ccomentarios (1):

Javi

19/10/2026 a las 10:26

Me gusta el tema que trata y la agilidad que le da el diálogo.

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