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La decisión - por Ximen
Hoy te has levantado con otro ánimo. Han quedado atrás los días de pésames y condolencias que han seguido, al funeral de mamá, jornadas interminables que has soportado con un estoicismo impostado, mientras escondido tras esa serenidad fingida te queda el dolor que todavía se resiste a abandonar.
Te preparas un café, notas el aroma que se eleva lentamente de la taza y tomas una decisión, vas a vender la casa.
Ha llegado el momento de desprenderte de este lugar que aún conserva entre sus muros la memoria de mamá. Debes vaciarla de recuerdos y de aromas, que se niegan a desaparecer,dejar tan solo aquellas cosas que no te puedes llevar. Solo quedaran entre paredes, ventanas y puertas, apenas unos cuantos muebles, los suficientes para disimular el vacío, para mitigar esa sensación de abandono que empiezas a sentir dentro de las habitaciones. Comienzas por la cómoda de mamá. Abres los cajones y, entre fotografías amarillentas, pequeños objetos olvidados y papeles que dan testimonio de una vida que creías conocer y que cada vez te resulta más extraña, descubres un sobre voluminoso, al cual no le prestas demasiada atención. Lo sacas del cajón y lo dejas sobre la mesa, mientras continúas con la tarea.
A media mañana, el cansancio te obliga a tomarte un descanso. Te acomodas en un vetusto sillón, con un café caliente entre tus manos, mientras se te cierra los ojos y sueñas con el sobre, que has dejado sobre la mesa.
Reconoces la letra de mamá.
Te incorporas, buscas las gafas que no acabas de encontrar, te lo acercas y logras leer la inscripción que ocupa el centro del destinatario.
«A mi hija Elena».
Tú corazón se acelera, mientras vuelves a leer tu nombre, escrito de su puño y letra, te asaltan un montón de preguntas, ¿Por qué lo había guardado entre sus cosas? ¿Por qué nunca te había hablado de él?
Con dedos inquietos y las gafas puestas, rasgas el sobre.
Dentro encuentras una fotografía en tonos sepia. En ella aparece mamá, mucho más joven, junto a un hombre al que no reconoces. Él la rodea con un brazo y ambos miran a la cámara con una felicidad que te desconcierta. Hay algo en aquella imagen que te resulta familiar, aunque no sabrías decir qué, intentas recordar donde la has visto antes o cuando fue.
Junto a la fotografía hay una carta manuscrita y varios documentos doblados y redoblados, como si hubieran pasado demasiados años escondidos en aquel sobre de papel.
Despliegas la carta.
Empiezas a leer con emoción, vuelves sobre las primeras líneas con creciente asombro y cuando llegas al final, te quedas inmóvil. Relees de nuevo. Una vez más. Las palabras son claras, pero lo que cuentan no encaja con nada de lo que te contó o de lo que tú recuerdas,
En la carta, mamá te revela que el hombre de la fotografía es tu padre. El hombre que os abandonó en una gasolinera
Te cuenta que todo ocurrió durante el regreso de unas vacaciones. Paró en una estación de servicio a repostar, vosotras bajasteis del coche para ir al baño, entonces tu padre se montó en el auto y desapareció sin dar explicaciones. Al principio, mamá pensó que se trataba de un despiste, de una confusión pasajera. Esperó. Preguntó. Confió en que regresaria de un momento a otro.
Pero el tiempo fue pasando y él no volvio
Fue entonces cuando mamá comprendió que el hombre os había abandonado allí, en una estación de servicio y había decidido borrarse de nuestras vidas.
Hasta que, mucho tiempo después, él regresó.
No lo hizo para recuperar el tiempo perdido, ni para conocer a la hija que había dejado atrás. Tampoco para ofrecer una explicación o pedir perdón. Volvió únicamente para obtener la firma de los documentos del divorcio.
Mamá firmó.
Y lo dejó marchar.
Vuelves a mirar la fotografía. El rostro de aquel desconocido, cada vez te parece más familiar, buscas entre los documentos que hay en el sobre, un nombre se repite y recuerdas haberlo visto antes, en una tarjeta de visita, que te dieron durante el funeral.
Intentas recordar y ponerle rostro y voz a ese hombre, entre los asistentes al sepelio.
Ahora que ya sabes quién es, te preguntas si realmente deseas conocer a tu padre.
Y mientras lo piensas el sueño se disipa, notas que alguien golpea con suavidad tu hombro, te despiertas sobresaltada, delante de ti, un hombre con un traje oscuro te da el pesame, a mamá la enterramos ayer.
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