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Apuntes, tutoriales, ejercicios, reflexiones y recursos sobre escritura o el arte de contar historias

#RetoLiterautas Nº 29 (15 de junio, 2020)

Este será el último Reto Literautas de la temporada, ya que la próxima semana se termina en España el estado de alarma y nuestras vidas volverán a cobrar un ritmo parecido al anterior, en teoría. Además de que empieza el verano por estas latitudes, con lo que eso conlleva. De todas formas, espero que sigas escribiendo mucho en los meses que nos quedan por delante y recuerda que puedes acceder a todos los ejercicios publicados en Literautas y a los primeros ejercicios del libro Saca al escritor que llevas dentro si necesitas inspiración.

RetoLiterautas29

El reto para esta semana consiste en escribir un relato que contenga la frase “¿Me estás espiando?” y la palabra “peregrino”. ¿Te animas a compartir con nosotros tu relato? Puedes hacerlo en los comentarios a esta entrada.

También puedes comentar los textos de tus compañeros participantes si quieres ayudarles y mejorar la participación.

Recuerda que en estos retos no hay límite de palabras ni otro tipo de restricciones. ¡Feliz escritura!



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27 comentarios

  1. 1. Amilcar Barça dice:

    Como casi todos sabréis, llevo escribiendo en mi blog casa todo el siglo, antes lo hice en otros de Terra y El País. Y tengo por seguro que a pesar de mi humilde prosa, los servicios secretos de los países más “democráticos” del mundo, léase USA e Israel, espían y escrutan hasta los pedos que nos echamos.
    Ya sé que alguno pensará que son paranoias mías, que me tienen sin cuidado, pero existen opciones dentro del blog según las cuales en las estadísticas se puede seguir quienes han sido los visitantes del mismo. Y a raíz de algo que escribí en contra del sionismo judío, habían leído de cabo a rabo todas las entradas del blog ¡más de dos mil! No les pregunté si me estaban espiando pero si que lancé otro post denunciando que “la CIA no es pía” al igual que el Mossad.

    Y coincidiendo con las fechas actuales, fui peregrino de parte del Camino de Santiago, (en Santiago fui estudiante con muchas ganas de todo y los bolsillos ralos) hasta Burgos, pasando por santo Domingo de la Calzada, donde cantó la gallina después de asada. Una torre magnífica y una catedral con sorpresa.

    Escuché cantar a un gallo y supuse que habría algún artilugio que echando perras, cantaba el gallo. Maravillado sería poco decir cuando descubrí a un gallo y una gallina níveos e impolutos en un “gallinero” fuera del alcance de los visitantes y sin darse por aludidos de las miradas que les dirigían los peregrinos.
    Era año jubilar del santo y dejó huella en mí. Animo a quienes no lo hayan visto, se acerquen alguna vez. Y de paso me acerqué a ver el palacio de la Magdalena en Santander, otra maravilla al margen de Revilla, pasando por las Merindades burgalesas. A “pelegrinar”, que es mu sano majos.

    ¡Ah, y felices vacaciones, si el bichito os deja!

    Escrito el 15 junio 2020 a las 11:41
  2. 2. Mar y Olé dice:

    Carta No.1. Primera semana. Querida mamá:

    Era un cuento peregrino. Uno más de aquellos cuentos increíbles, narrados como si fueran hechos ciertos, situaciones que acaecían con normalidad en una vida rutinaria, pero llena de magia y poesía. Cuentos que me hacían soñar y llenaban de estrellas mis ojos que te oían embelesados.
    Te hacía repetir cada historia, cada frase, cada figura , mil veces. Las necesarias para aprenderlas de memoria y poder contarlas después a mis amigos del colegio. Aquellos niños ponían en duda todas y cada una de mis palabras y yo, furioso, terminaba peleando con cualquiera de ellos. ¿Cómo se atrevían a no creer aquello que decía mi madre? ¿De donde habían salido? ¿Serían en realidad duendes disfrazados que protegían así su mundo maravilloso? De cualquier manera,los tenía q convencer, así que los días que íbamos de excursión y mi madre no tenia clase, insistía hasta q a ella no le quedaba más remedio que contar y contar y asegurar q todo aquello era cierto. Todos se quedaban embobados, mirándola con ojos entre curiosos y desconfiados pero empezaban a pedir mas historias, todas las q yo ya les había contado: el hada q no quiso estudiar, el niño Saúl y su verdad inventada, los perros guardianes, la luciérnaga q se apagó y se convirtió en estrella, el ascensor hasta el cielo, la amapola codiciosa…era la mejor cuentacuentos, si es cierto lo de que hay una vida anterior, mi madre fue juglar en ella.
    Cuando me hice mayor y acabé la facultad y empecé a trabajar contando historias propias, decidí que esas otras historias inventadas no podían caer en el olvido y muchas tardes me iba a su casa a que me las volviera a contar mientras yo fingía trabajar. No podía enterarse de mi plan. Jamás lo habría permitido porque, según ella, eran un regalo solo para mí y ningún niño de hoy en día las habría creído.
    ( No conociste demasiado a mi hijo, mamá).
    Recuerdo un día, sentados los dos en el salón en el que me quedé mirándola, evocando aquellas escenas de cuentos en la cocina. Creo que mis ojos se volvieron a llenar de estrellas unas breves instantes. En su cara de dibujó una sonrisa “¿qué haces, me estas espiando?” “Claro mamá. Sé que tramas algo que debo adivinar” “Mira niño que soy tu madre y si me sigues mirando con cara de bobalicón voy a pensar que estas drogado”. Los dos rompimos en una escandalosa carcajada. Eran sus cosas, nada podía ser normal.
    Pero sí, la espiaba aunque entonces no lo sabía. Espiaba cada arruga, cada gesto, cada movimiento… Espiaba sus manos, sus pasos y su aliento. Quería grabarlos en mi retina como un cuadro perfecto y en movimiento por si algún día, como hoy, los podía necesitar.

    Escrito el 15 junio 2020 a las 13:30
  3. 3. EducasRockera dice:

    Hanako sabía que no podía andar lejos, aunque empezaba a impacientarse. Habían quedado por teléfono, hará ya unas horas, a las puertas de la Escuela de Arte donde en ese instante empezaban a llegar los primeros alumnos. Vestían con el uniforme oficial; ellos con gakuran y ellas con sailor fuku. Recordó como odiaba esos uniformes y nunca entendió porque tenían que llevarlo en la escuela superior. Menos mal que esos tiempos quedaban atrás y suspiró profundamente, casi sin querer.

    El viaje que emprendía hoy pondría punto final a esa etapa, sería un broche estupendo para celebrar los excelente resultados de los exámenes de la última evaluación. No se consideraba especialmente religiosa, pero pasar a la Universidad era un paso en su vida que quería recorrer con todas las garantías posibles. En la prefectura de Nagano, el maravilloso templo de Zenko-ji les esperaba. Como un peregrino más, cruzaría la puerta de Niomon y sería participe de su maravillosa ceremonia Gokaicho, que se celebraba cada seis años en primavera en honor a Buda. Bueno, eso si comenzaban la ruta a su hora. Echó un vistazo al reloj. “Las siete y diez, siempre igual de impuntual”.

    Hideo la observaba desde muy cerca, escondido tras un gran poste de luz al otro lado de la calle. El vendedor del puesto de ramen situado a su izquierda, lo miraba de reojo con curiosidad. Y también con preocupación, al ver como se acercaba peligrosamente a la pila de cajas apiladas junto al puesto. Demasiado tarde; Hideo chocó con su mochila y derribó las cajas. Hanako se volvió al oír el estruendo, justo para ver el momento en que Hideo se inclinaba una y otra vez pidiendo disculpas a un señor que parecía el dueño de aquel destartalado puesto callejero. Avergonzado, Hideo cruzó la calle a toda prisa.

    -¿Me has estado espiando? , preguntó visiblemente enfadada. Cruzó los brazos, arrugó la expresión e intento poner esa cara de kappa tan conseguida de su padre.

    – He llegado antes, pero me ha parecido divertido hacerte esperar un poco-, decía mientras arrojaba la gran mochila que cargaba a la espalda casi a los pies de Hanako.

    Esta seguía en la misma postura, en silencio. Hideo la miraba atónito. “Pues sí que se ha enfadado esta vez”.

    No pudo contenerse más. Hanako estalló en carcajadas.
    – Anda, coge esa mochila y vamos a comprar unos ramen, nos da tiempo de comer algo antes de que lleguen los demás,- dijo casi entre lágrimas. -Eso sí, esta invitas tú.-
    Y guiñándole el ojo, cruzó la calle mientras el vendedor del puesto se sonreía para sí, al ver los dos primeros clientes de la mañana.

    Escrito el 15 junio 2020 a las 17:29
  4. 4. Ainhoa Hevia dice:

    EducasRockera me has teletransportado a Japón con tu relato. Genial!

    Escrito el 15 junio 2020 a las 20:38
  5. 5. Dora Muñoz dice:

    La caja fuerte
    Desde aquel dia peregrino de ciudad en ciudad, no paro en pueblos porque lo que busco es pasar desapercibida, por eso en cuanto me encuentro con alguien más de una vez pienso que me están vigilando y, según como vea la cosa, desaparezco. Llevo así casi un año y he vivido ya en cuatro ciudades diferentes desde que salí de Medellín. El dinero no es problema, podría vivir así, sin trabajar, los sesenta años que calculo que me deben quedar. Pero sí lo es el aburrimiento. Toda la vida en la que el único proyecto sea conservarla, vigilando para que no me encuentren, sin poder establecer relación con nadie y con la única ocupación de transformar en pesos lo que llevo puesto.
    Aquel día, cuando eché a correr en la noche dejando a Ernesto muerto en aquel apartamento del piso veintiuno con vistas a toda la ciudad de Medellín, sólo se me ocurrió coger mi ropa interior de seguridad y olvidé mi pasaporte. No me atrevo a ir al consulado diciendo que lo he perdido porque supongo que intervendría la policia y a no ser que me desprenda de todo lo que llevo siempre encima, las cosas se me complicarían aún más. Pero me gustaría volver a casa, lejos de este país que me dió amor, que me ha dado dinero, pero al precio de perder lo primero y no poder disfrutar de lo segundo.
    Con Ernesto todo fue maravilloso, lo dejé todo en España y me vine aquí con él. Y nunca pregunté ¿Para qué complicarme la vida pensando en el origen del dinero que manejábamos a espuertas?
    Hasta que él me propuso aquello, usar mi cuerpo como caja fuerte, que a mí me pareció primero un disparate y después una buena idea, a la vez que prendió en mí la mecha de un miedo que iba corriendo hasta que llegó a la explosión final de aquella noche. Mientras los dos encapuchados se ensañaban con Ernesto preguntándole dónde lo tenía todo, yo conseguí esconderme en un armario hasta que se fueron, pero entonces él ya estaba muerto y yo… bueno, yo solo pensé en salvar la vida y llevarme la pasta.
    Y así llevo, de pregrina, de aquí para allá, hasta que hoy se me ha acabado todo. Tanto vigilar y no lo había visto nunca. Él sí sabía de mí. Te llevo buscando tanto tiempo, me dijo ¿Me estás espiando?, fue la pregunta absurda que se me ocurrió cuándo sacó la pistola. Sólo dijo que era una lástima que una mujer como yo tuviera que desaparecer, pero que así estaban las cosas, no querían testigos. Y disparó. Morí riéndome al pensar en la sorpresa del forense cuando descubriera que mi pecho espectacular y mi culo respingón quedaban en nada al quitarme sostenes y bragas rellenos de diamantes.

    Escrito el 16 junio 2020 a las 10:01
  6. 6. Ocitore dice:

    Romero del arrepentimiento

    Se apagaron las luces y se abrió el telón. El público vio el decorado que consistía en una casa pequeña de pueblo y al fondo unas montañas y el cielo grisáceo. Apareció, anegado por un chorro luminoso, un hombre delgado con túnica de lino y un bastón. Algunos espectadores volvieron a echarle un vistazo al programa para confirmar que era Alejo Karpov quien interpretaba al palmero. Se oyó el famoso verso recitado por el gran actor:

    “Ser en la vida romero,
    romero solo que cruza siempre por caminos nuevos
    ser en la vida romero,
    sin más oficio, sin otro nombre y sin pueblo
    ser en la vida romero…solo romero…”.

    La gente escuchó conmovida el filosófico verso, después, testigos de las vicisitudes del pobre errante, aplaudieron sin parar. Se sucedieron las escenas acompañadas de lágrimas, sonrisas agrías y alivio. Al final de la pieza llovieron ramos que formaron un hermoso arcoíris. Alejo no paró de agradecer las felicitaciones y, cuando la gente siguió el manoteo, los chiflidos y el griterío, el anunciador pidió que se retiraran. Nadie quiso salir y Alejo descendió del escenario para conversar con el público. Le hicieron infinidad de preguntas y él contestó con honestidad. Poco a poco los admiradores se fueron retirando con sus programas firmados y un recuerdo inolvidable.

    Alejo entró en su camerino. Estaba cansado, había sido un mal día en su vida. Le habían dado malas noticias, pero su trabajo le exigía el esfuerzo. Salió del teatro y se fue a su casa. Le abrió su hermana solterona. Le preguntó cómo se sentía y le sirvió la cena. Se miraron con lástima y decidieron no hablar. Todo estaba perdido. La falta de recursos y la ausencia de verdaderos amigos les obligaba a esperar el final como condenados al cadalso. El día siguiente sería igual. Éxito en el teatro y fracaso en la vida. ¿Debía seguir actuando en la realidad? ¿Por qué no le cambiaban las cosas? Habría preferido ser un don nadie, un actor secundario y vivir de otros oficios, pero su entrega desde la adolescencia lo había llevado a la cúspide de una montaña en que todo era arte y amor, pero un sitio solitario, lleno de austeridad.

    Nada lo había doblegado hasta ese momento, sabía que cambiando su vida podría alargarla un poco más. Cuando la existencia pierde sentido y eres parte de un colectivo en el que se te aprecia por mostrar el dolor humano que llevas en carne propia, no queda nada más que el abandono. La nada con su oscuridad eterna. El reconocimiento es porque eres el mártir. No habría más sacrificio, la vida no jugaría sucio a sus espaldas ya no escucharía esa terna pregunta: “¿Me estás espiando?”. Ya no tendría temor del fracaso y no sentiría la frustración de ser un hombre sin éxito con las mujeres y en los negocios. ¿Eurípides y Esquilo se lo perdonarían y lo recibirían? No, jamás, lo enviarían al exilio por traición y sería un argonauta perdido en los mares del olvido y la sucia crítica, se enfrentaría a los monstruos de sus recuerdos y los periodistas.

    Se levantó en la madrugada decidido a terminar y salió en dirección de la carretera. Se fumó con calma el último cigarrillo y se dirigió al puente. Lo miró con miedo, pero ya no deseaba retroceder. Se dejó llevar por la inercia de sus pasos, espantó las imágenes de su caída con el humo que salía a resoplidos de su nariz y boca. Llegó al sitio desde dónde se lanzaría. Se paró en el borde y tiró la colilla humeante. Por último, recito:

    ”Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo
    Pasar por todo, una vez, una vez solo y ligero
    ligero, siempre ligero
    sensibles a todo viento
    y bajo todos los cielos
    Poetas, nunca cantemos
    la vida de un mismo pueblo
    ni la flor de un solo huerto
    que sean todos los pueblos
    y todos los huertos nuestros”.

    En el horizonte vio la imagen de un león barbado y gafas, con un sombrero anticuado interrogándolo. Alejo derramó su ira y se ennobleció su corazón. “Más vale seguir con valor en la lucha tenaz, mejor que huir como un cobarde fracasado—susurró para sí—, aguantaré hasta el final; venceré la pobreza y la enfermedad, el dolor y el olvido, el desamor y la frustración. Sacó otro cigarrillo, lo cogió con cuidado y lo fumó despacio. Salieron los primeros rayos pálidos del sol en su alma.

    Escrito el 16 junio 2020 a las 12:16
  7. 7. Daniel Acero dice:

    Su cabeza vacilaba entre el recuerdo de sus ojos y sus labios, ella aparecía cada noche en su último pensamiento y su corazón era un peregrino en el anhelo de sentirla. Su cerebro envió una sacudida que activó su pecho.
    – ¿me estás espiando? – le dijo el corazón al cerebro.
    – No- respondió este- solo te recuerdo que donde está tu último pensamiento es donde vives tu.

    Escrito el 16 junio 2020 a las 12:24
  8. 8. Alicia Commisso dice:

    Gracias Iría! Fue un enorme placer compartir estos meses de escritura en los que aliviamos nuestros temores y preocupaciones mientras esperábamos con ansias para intentar un nuevo desafío. No pude cumplir con todos los relatos por cuestiones de salud. Ojalá nos volvamos a encontrar en el próximo taller. Un beso enorme! Felices vacaciones!

    Escrito el 16 junio 2020 a las 15:10
  9. 9. YAYI dice:

    Mar y Olé: Qué bonito y tierno relato.
    Me ha recordado los cuentos e historias que, al amor del fuego nos contaban mi mamá y el abuelo n en las larguísimas noches del invierno. Un abrazo

    Escrito el 16 junio 2020 a las 22:42
  10. 10. rafael mendoza dice:

    a que dirección se envía el cuento?

    Escrito el 17 junio 2020 a las 20:30
  11. 11. Julio Sobero dice:

    Estaba justo caminando, sobre los viejos senderos de la antigua región. Y de pronto; sentí que alguien me seguía, ya se hacía de noche, el camino era largo la noche parecía volverse tenebrosa el crespón anunciaba “una catástrofe” a lo lejos el canto de una lechuza anunciaba vaticinios de mal agüero. De pronto, un fogón al pie del camino dibujaba una sombra contigua, un lugareño se acercó y me dijo:¿De dónde eres, nunca te he visto pasar por aquí? Soy del pueblo de ” Los Errantes Desconocidos” -ah,caramba entiendo-dijo el hombre, apenas pude notar su rostro, los perros daban aullidos en señal de miedo. Pero era consciente que no podía continuar de peregrino, sin saber ¿Quién me estará Espiando…

    Escrito el 18 junio 2020 a las 09:30
  12. 12. Verso suelto dice:

    El espía peregrino
    Veintisiete años son muchos años: levantándote a la misma hora, fichando en el mismo reloj, viendo la misma cara de asco de tu jefe y escuchando su voz aflautada: “Fernández, espabile que lleva tres meses con ese informe”
    Ese informe, ¡ese maldito informe! Todos los malditos informes que se apilan como tumbas en el sótano del departamento con su sello: “Sin indicios de actividades delictivas”.
    He olvidado como llegué aquí, la auténtica razón, la verdadera, no los subterfugios que me invento cuando alguien me pregunta: espíritu de servicio y todas esas pamplinas. Servicio ¿a quién?
    Es cierto que me gustaban las películas de espías, recuerdo como me impactó la imagen de “El hombre que nunca existió” varado en una playa de Andalucía. El mejor espía es el espía muerto, quizá por eso me tocan los casos más difíciles, ¿porque soy el mejor espía? No, porque estoy muerto.
    Sí, llevo veintisiete años muerto, veintisiete años embalsamado con mi eterno traje gris, mi corbata negra, mi bigotito hitleriano y mi cartera de cuero años cincuenta: oficial de primera Francisco Fernández. Veintisiete años muerto, más tres de una agónica oposición que acabaron con el alegre Tito al que le chiflaban las películas de espías. Total cuarenta y un años.
    Para que no haya sorpresas se lo digo desde ya mismo: el departamento para el que trabajo es una tapadera, una marca blanca. Ya saben, como esos productos que compras en Mercadona que pone Hacendado y vete a saber quién lo ha fabricado.
    A nosotros nos ha fabricado el CESID, somos el CESA (Centro de espionaje aleatorio), nuestra misión es espiar a todo el mundo. Para el CESA todos somos sospechosos y los más sospechosos de todos son los que no levantan sospechas, es decir los ciudadanos anónimos. Por eso espiamos según un procedimiento aleatorio en combinación con “Loterias y apuestas del estado”. Me explico. Cuando un funcionario termina el informe de un ciudadano, se le asigna, al azar, un nuevo caso según una combinación de números premiados de la lotería, del cuponazo, etc. El DNI del individuo elegido resulta así de lo más aleatorio.
    Adivinen a quien me ha tocado hacer la ficha…Pásmense, ¡a mi santa esposa!
    Cuando le dije a mi jefe que me cambiara de espiado me echó del despacho. Me soltó la retahila esa de “los procedimientos” que lo mismo le sirve para un roto que para un descosido.
    ¡Como quiere que no lleve tres meses para cerrar el informe! Acaso usted, amigo lector, sabe a o que se dedica su mujer cuando usted no está en casa. Pues eso.
    El primer borrador que le entregué a mi jefe por poco me cuesta el divorcio. Todos los días, como a lo tonto, le preguntaba a Matilde por lo que había hecho, luego lo trascribía religiosamente al informe. Día a día notaba que la mosqueaba un poco mi insistencia en los detalles de su vida sin mí, pero yo seguía interrogándola hábilmente hasta que una noche me espetó “¿Me estás espiando? pensé que me había descubierto, que se había dado cuenta de que no soy auditor de cuentas sino espía de Hacendado, digo del CESID, o sea del CESA. Así que paré de preguntar y, con lo averiguado, cerré el informe en falso, aunque me quedó la mar de bien, parecía copiado del modelo de esposa perfecta de la sección femenina, ¡pero es lo que me contaba Matilde!
    Tras leerlo, mi jefe me tiró el informe a la cara y el tema me costó quedarme sin la mierda de bonus que nos dan si cumplimos los objetivos.
    Sinceramente no sabía como arreglar el asunto, hasta que lo comenté con mi compañero de despacho. No se como agradecerle a Gutiérrez lo que hizo por mí; jugándose el puesto se ofreció a echarme una mano. Me propuso que nos cambiáramos los espiados, el espiaría a mi mujer y a mí me tocó un señor de Almendralejo que se iba de peregrino a Lourdes con un grupo de feligreses de su parroquia. Así salimos del paso.
    Mi colega para sus indagaciones se hizo pasar por entrenador personal, a mi santa le encanta hacer deporte y él está cachas y da el pego perfectamente. Por su cumpleaños le regalé a Matilde diez sesiones de entrenamiento intensivo con Gutiérrez.
    A mí no me quedó más remedio que apuntarme a la excursión a Lourdes. Me pegué como una lapa al señor de Almendralejo y tuve que inventarme una dolencia incurable de muy mal pronóstico para contrarrestar la andanada de males con los que me amenizaba el viaje en autocar. Acabamos los dos llorando pero amigos hasta la muerte.
    Cuando volví con mi informe cumplimentado le pregunté a mi colega por el de mi mujer. Me dijo que la cosa marchaba estupendamente pero que había aún algunos flecos que convendría cerrar con otras tantas sesiones.
    En efecto Matilde está cada día más guapa, y es que no hay nada como el deporte.

    Escrito el 18 junio 2020 a las 13:53
  13. 13. Amilcar Barça dice:

    verso suelto, qué malo eres. En lo de verso suelto me recuerdas a la dueña del perro Pecas, si ese que administraba la cuenta de tuiter IDA, la de las ayusadas.

    Escrito el 18 junio 2020 a las 22:55
  14. 14. El chaval dice:

    ¡QUÉ MALA SUERTE!

    Días después del confinamiento, su mujer le encarga que compre el pan y una docena de huevos ecológicos, al mismo tiempo que va al estanco.
    —Y no tardes, que te entretienes
    Mariano y su esposa viven en un piso con balcón a la calle, donde camina algún transeúnte con la tranquilidad de no toparse con los centenares diarios de turistas, para visitar la basílica de la Sagrada Familia.
    En su caminar, saluda a algún que otro vecino a través de la mascarilla, con la voz desfigurada y sin ver la expresión facial si está de buen humor o no. El choque de codos es psicodélico; si le presentas el codo derecho te corresponde con el izquierdo.
    —Hola Mariano, le saluda el dependiente de la tienda de artículos del Barça.
    —Hola, buenos días dijo sonriendo, hoy voy a hacer de peregrino hasta la Sagrada Familia. Para que se me haga más largo el camino bajaré cinco calles y daré la vuelta, así me hará más ilusión, aunque tu ya sabes que las figuras de santos no me dicen nada; lo que me remueve el ánima es contemplar el trabajo y el esfuerzo de aquellos obreros que arriesgan la vida para dar cumplimiento a la obra del genial arquitecto Gaudí.
    Sin darse cuenta del tiempo transcurrido, embelesado desde un banco contemplando la maravilla de la obra, no intuye que una gitana se le acerca para tratar de venderle sus productos; desde mascarillas, pañuelos de seda o las rallas de la mano, aunque sea con guantes. Lo que más aprecia la gitana es el agua de colonia.
    —A ver guapetón, le espeta la gitana. Esta colonia está bendecida por el cura de mi pueblo y seguro que a tu novia le va a gustar. Con el dedo en la botellita, aprieta y el frufú le rocía la camisa ligeramente para que huela la calidad santa.
    Enojado como no puede haber otro, llega a casa con el pan, La Vanguardia y una revista de famosos para ella. Así que entra, la mujer le pide explicaciones del porqué llega tan tarde y donde ha ido.
    —Te he visto por el balcón que ibas en dirección contraria a la panadería y además con este perfume; ¡donde has estado!
    —Pero, “¿me estás espiando?”
    Que fácil puede resultar este confinamiento para la desconfianza; en una bronca, separación o divorcio. Todo por un embeleso y una gitana.

    Escrito el 19 junio 2020 a las 11:10
  15. 15. Dante Tenet dice:

    Hola:
    Gracias, solo gracias.
    Literautas, ha sido y espero siga siendo un gran soporte para mis afanes literarios.
    Este año, no los he podido acompañar con ningún relato, pues a pesar del parate obligatorio, el tiempo se hizo escaso.
    Pero espero encontrar vuestros desafíos de nuevo, los estaré esperando.
    Gracias!!!

    Escrito el 19 junio 2020 a las 18:29
  16. 16. Verso suelto dice:

    Jajaja, Amilcar. Que más quisiera IDA que tener un poquito de mi salero.

    Escrito el 19 junio 2020 a las 19:36
  17. 17. Mar y Olé dice:

    Gracias Tati. Un honor que te haya gustado. ❤️

    Escrito el 19 junio 2020 a las 21:11
  18. 18. Mar y Olé dice:

    Perdón, gracias YAYI

    Escrito el 19 junio 2020 a las 21:11
  19. 19. Ainhoa Hevia dice:

    Siario – Diario de un Sirio

    Solo, perplejo y descalzo comienzo mi travesía. Tras veinte extenuantes días de camino llego a Za’atari. Sobre un yermo terreno se erige una cárcel de alambre o “campamento”, para el ajeno y despreocupado occidental. Tres autobuses estacionados ante la entrada abren sus puertas. Un tumulto de pasajeros se apea del vehículo y, con cierta virulencia, toma sus escasas pertenencias recogidas en un máximo de dos bolsas. Poso mis ojos en mis pies: sangre. La multitud guarda fila. Dos jóvenes de chaleco azul ondean hojas en el aire. De sus bocas brota una atropellada mezcla entre francés e inglés. Todos se miran, pero nadie entiende. Decido unirme. Horas más tarde, me encuentro en las dependencias de lo que simula ser una oficina. Un nuevo documento de identidad se me ha sido asignado (de despojo humano a número, avanzando). Provisto de manta, tres pastillas de jabón, un par de prestadas prendas de ropa, zapatos y un cubo para el agua, me conducen hasta una caseta prefabricada.

    —-

    Hoy se cumplen cuatro semanas de aquel bombardeo el cual me convertiría en peregrino de una ciudad hecha escombros; cuatro semanas preso del tiempo y recuerdos. Cada día espero con ansia el caer de la noche para en sueños reunirme con padre, madre y hermana. Sin duda, lo único bueno de mi actual e inmunda existencia es la compañía de Anás, amigos desde aquel día en el que, durante una ducha comunitaria, me espetó: “¿me estás espiando?”, toda una absurda pregunta que tener en cuenta en un lugar donde ni la intimidad en el aseo nos queda.

    He de ir a por la ración de pita diaria, volveré a pronto.

    Katib, el refugiado.

    Escrito el 20 junio 2020 a las 11:01
  20. 20. elvocito dice:

    La nueva normalidad: el espionaje coronavírico.

    Nos están bombardeando con mentiras, bulos y falsedades que en ingles lo llaman “Fake News”. Menudo cuento peregrino se inocula a los borregos de las redes sociales ávidos de coronacuentos.

    Las sonatas peregrinas se oyen a modo de la nota de Chopin, haciendo el canto de “do-re-mi-fa-sol-la-si.” La vacunoterapia de Bill Gates una nueva aventura de juegos de laboratorio de bioseguridad china. Quieren el programa críptico por si las moscas…, dicen Covid-19 asemejándose a la Aktion T-4 (Uy que miedo, Acción T-4 ¿que significa esta clave jeroglífica?). Secretos de aventura, el programa de eutanasia camuflado, ay madre mía nos quieren eliminar. Tabú por la eugenesia poblacional, reducción del poblado global, tal vez el 90 por ciento. ¡Cielos que perversidad!

    El chip vacunado para imponer a todo el mundo. Asomando al jodido Facebook que vende… grito en el cielo: “¿Me estás espiando? Somos los parias para los corazones corruptos y de sevicia. Todos a la rebelión y resistencia contra la mierda del odio.

    ¿Qué hacemos con los brazos cruzados? ¿Esperando a Papá el Estado que nos comprenda nuestra situación?
    Hagamos los Panzerfaus (especie de bazooka hechos con tuberías por las cuales bajaba el agua de los tejados, usaban las bombas abandonadas sin explotar y con algún objeto o palo de grueso calibre para pegar y lanzar contra objetivos duros) para destruir el sistema que hemos creado con nuestros silencios cómplices… ¡Que guerra psicológica promociona la TV!
    Antiguo departamento de propaganda enemiga, hoy ingeniería social.

    Escrito el 20 junio 2020 a las 20:42
  21. 21. Macu Joan dice:

    Me han encantado los relatos de Dora Muñoz y Ocitore.

    Una lástima que volváis a echar el cierre. Echaré de menos vuestras propuestas, aunque esta vez no haya llegado a tiempo para participar.

    ¡Gracias por el esfuerzo!

    Escrito el 21 junio 2020 a las 10:39
  22. 22. Ocitore dice:

    Gracias Macu Joan, a mí también me ha parecido bueno el cuento de Dora Muñoz. Ha contado una historia original y con un final gracioso. Espero que participes después. Hasta pronto.

    Escrito el 21 junio 2020 a las 20:52
  23. 23. YAYI dice:

    Gracias por vuestras propuestas. Me han entretenido, divertido y,algunas veces, frustrado un poco cuando no podía o no sabía cómo hacerlo.

    Gracias a quienes habeis mandado vuestros comentarios, que he procurado leer todos y me han hecho pasar muy buenos ratos.
    Hasta entonces.”FELIZ VERANO Y BUENAS IDEAS”

    Escrito el 21 junio 2020 a las 22:26
  24. 24. Laura dice:

    Hola compañeros!!!
    Hace un tiempo que no visito esta página. Estoy abocándome a escribir un libro, lo que lleva mucho tiempo. Además estoy intentando mejorar mis conocimientos de nuestra lengua, por lo que estoy bastante ocupada.
    Pero quiero compartirles una noticia hermosa: ¿Recuerdan a nuestra compañera Anael? Pues en estos días ha sacado a la luz a su primer retoño, disponible ya en Amazon. Le envío el link por si alguno tiene curiosidad:
    .https://drive.google.com/drive/u/0/my-drive
    Creo que es así, no tengo idea, pero no veo que se haya puesto azul como veo que sucede en otros. De todos modos, paso el nombre del libro: Encontrarás quimeras.
    Es una novelette para público juvenil.
    Y SU PRIMER OBRA PUBLICADA!!!!!
    Muchas gracias a todos.

    Escrito el 22 junio 2020 a las 01:09
  25. 25. Mª Jesús Hernando dice:

    EL PEREGRINO
    La terraza de “El Peregrino” era el paraíso. Bajo las sombrillas, amplias como platillos volantes, corría una suave brisa procedente del mar que hacía olvidar el calor. Cuando lo abrió la dueña pensó que era el mejor nombre para recordar todos los lugares extraños por los que había andado antes de recalar en aquel pequeño pueblo. Ahora que el negocio iba bien, le parecía que había elegidoel mejor porque “El Peregrino” era el único refugio de los centenares de inmigrantes que trabajaban cada temporada en los campos próximos.
    Carmen los recibía con una sonrisa y si necesitaban un colchón para dormir, en el almacén del patio había varios a su disposición. Gobernaba los fogones del pequeño restaurante con la maestría de un chef de cinco estrellas. Por cinco euros, ponía sobre la mesa una cena espléndida: ensalada, primer, segundo plato y postre. Siempre variado y sabroso.
    “El Peregrino” no figuraba en las guías gastronómicas, ni tampoco le hacía falta. Su dueña sabía que era conocido en medio mundo porque sus clientes –temporeros venidos de Senegal, la mayor parte de ellos − lo contaban a sus familias. Carmen oía las conversaciones de teléfono y sabía que hablaban de ella porque chapurreaban su nombre y le dirigían miradas furtivas.
    Amadou era un veterano, llegaba todos los años. Fiel a “El Peregrino”, se sentaba siempre en el mismo lugar: junto a la ventana de la cocina donde Carmen trajinaba, en silencio y con la vista puesta en el interior. Para la mujer, eran horas de placer e inquietud. Nadie le había prestado una atención así, tan pura y a la vez tan lujuriosa. Por eso disimulaba el gusto que le producía.
    −¿Me estás espiando? –le dijo una noche mientras le daba el té que le había pedido por la ventana
    −No, para nada. Es que me pareces un ángel , y me gustaría comprobarlo . ¿Quieres venir conmigo a la verbena de San Juan?.
    A Carmen le tembló el cuerpo. Pudo contener su turbación para evitar que el agua de la tetera se derramara sobre el muchacho.
    −Ya veremos − le contestó sin comprometerse a nada, mientras escondía su rubor en la oscuridad de la cocina.
    Aquella noche Carmen se lo contó al caporal de la finca. Era su único amigo en el pueblo y el único blanco que seguía frecuentando el local. Los demás vecinos no se acercaban desde que llegaba el ejército de trabajadores negros .
    −Ay mujer – le contestó el hombre cuando Carmen termino su confidencia− con lo que tú has sufrido para andarte ahora con remilgos.
    Y Carmen, aceptó. La noche de San Juan llevó a la playa el pequeño cofre donde guardaba su diario de decepciones. Cuando las llamas estaban altas, lo arrojó a la gran hoguera mientras Amadou le susurraba al oído.
    −Mi ángel.

    Escrito el 22 junio 2020 a las 17:39
  26. 26. Maurice dice:

    Entre Francia y España, una noche
    Suponía que llegar a la tumba no sería nada fácil. Pero me animé. No tanto por fervor, más bien por un desafío físico, de resistencia. Opté por hacer el recorrido partiendo de Saint Jean, que es el que prefieren la mayoría atravesando todo el territorio español, a lo ancho y por el norte. Iría con mi mujer, compañera inseparable en cualquier aventura que incluya tracking. Ella tampoco es devota; al menos dejó de serlo muchos años atrás. Claro que por allí debíamos cruzar el garrón de los Pirineos, que no es poca cosa.
    Aquella mañana de setiembre estaba gris y húmeda cuando descendimos del colectivo que nos traía de Hendaya. La proximidad de las nubes ocultando las cumbres, daba la impresión que podíamos tocarlas con las manos; habituados (cómo estábamos) a la Patagonia sur argentina, con sus clásicas y rápidas variaciones meteorológicas, supusimos que en el otoño de Europa central, podríamos evitar las nunca bienvenidas sorpresas climáticas. Pero contemplando el paisaje circundante, empezaba a dudar sobre la fecha escogida para la gran caminata.
    No obstante haber planificado iniciar la marcha inmediatamente, adentrándonos en la línea fronteriza pirenaica, para pasar la noche en Roncesvalle (si alcanzábamos a llegar durante el día), el paisaje del pueblito francés, con sus tonos rosados dados por el color de sus viviendas, las calles empedradas y el clima presagiando chubascos, optamos por quedarnos allí, alargando el tiempo de la peregrinación.
    Paseamos durante lo que quedaba de la mañana, después de haber reservado una pequeña habitación en un hostal sobre “la Rue de la Citadelle, a doscientos metros del cruce con la calle de España que, como es de imaginar, nos llevaría a través de los Pirineos a la península Ibérica. Después de un almuerzo ligero de frutas, queso y aceitunas, aprovechamos la tarde fresca para caminar por los lugares de mayor interés, todos ellos con el distintivo de la campiña francesa, que no difiere mucho de la de otros pueblos de países europeos. Es de notar que a nosotros, habituados a los grandes espacios americanos, el paisaje de casas antiguas (medievales algunas) apiñadas a lo largo de callejuelas angostas que suben y bajan acorde al relieve montañoso; no deja de sorprendernos provocándonos un encanto que no podemos disimular. Y con mi mujer, estábamos decididamente maravillados. Además nos subyugaba la humedad acompañante y la bruma que a medida que caía la tarde nos iba envolviendo.
    Pensábamos que, por las características campestres del lugar, deberíamos regresar en las primeras horas de la noche al hostal. Pero una vez más, Saint Jean nos sorprendió, al comprobar, siendo casi las diez de la noche, la cantidad inesperada de confiterías, “boliches”, restaurantes con sus mesitas dispuestas en la vereda, animados todos con luces, música y bullicio. Por supuesto, no tuvimos en cuenta que, siendo el punto de partida más importante del “camino a Santiago”, muchos cómo nosotros se congregarían en el pueblo tornando al lugar una romería.
    Tal había sido el impacto que nos produjo aquel pueblito montañés; tan ansiosos nos hallábamos por vivir la experiencia de adentrarnos en esa pintura de cuentos; que prácticamente no prestamos atención al sitio que reservamos para pernoctar, siendo que esto era vital para mañana encontrarnos con toda la aptitud (anímica y física) de iniciar los 800 kilómetros más inolvidables.
    Entrar a la habitación y ver el espacio reducido que escasamente nos permitía circular alrededor de la cama, fue la primera impresión. Una sola mesita de noche y la carencia de placares, nos obligaba a dejar la ropa al pie de la cama, o en el piso, el cual eso sí, era de una madera suave y caliente, seguramente como producto de loza radiante, dando una agradable sensación al caminar descalzo, cuando lográbamos hacerlo por supuesto .
    Y dentro de lo inusitado de la situación, no fue menos la ocurrencia de mi esposa. Habiendo logrado acomodarnos dentro del cubil, ya cerca de la medianoche, debíamos turnarnos para hacer uso del espacio destinado al baño, consistente en un anexo al costado de la habitación que contaba con un lavatorio y un pequeño espejo. Los sanitarios se hallaban fuera del dormitorio y eran de uso común para todo otro peregrino que se alojara en el hostal.
    Ella se encontraba de pié frente al espejo mientras se dedicaba a los quehaceres de toda mujer antes de ir a dormir, o a lo que fuera. Yo, de mi parte, recostado en la cama, sin zapatos y con las manos detrás de la cabeza, tenía mi mirada concentrada en la camisa corta que ella vestía cómo única indumentaria, cubriendo su torso y parte de su pelvis, dejando ver una pequeña porción del trasero, sus nalgas, y alentando además mi imaginación libidinosa. Que por otro lado era lo único que en aquellas circunstancias podía hacer, ya que la incomodidad del habitáculo y el cansancio de la jornada no daban para más. Sin embargo, quizá como quién siente el roce de una mirada desde un sitio que no ve, dijo aquello que a la sazón me resulto por demás provocativo:
    “¿Me estás espiando?”

    Escrito el 23 junio 2020 a las 05:09
  27. 27. Verset. dice:

    Tomás regresaba dando pequeños brincos mientras tarareaba una canción. Contuvo su cántico al llegar al cruce de camino, donde vio a un hombre silbar la misma trova. Se quedó observándolo unos segundos, decidiéndose a seguirlo. El hombre continuaba con la canción.

    Procuraba avanzar sigilosamente, encorvado, escondiéndose tras los montones y arbustos del camino. El forastero se detuvo a beber agua de una cantimplora, vertiendo las últimas gotas sobre su rostro. Al estirarse, el chaleco se alzó y Tomás vio el revólver guardado a la espalda de su cintura. Ver hombres e incluso mujeres armados era habitual en el Noroeste, especialmente si eran viajeros.

    ― “Quién será y cuáles serán sus intenciones” –especulaba el pequeño, pensando en el bienestar y seguridad de sus vecinos aldeanos

    Tomás lo observaba, tratando de adivinar su perfil. Autoridad desde luego no era. Llevaba las ropas estropeadas, colgaban algunos hilos y el brazo de la camisa estaba manchado de sangre. ¿Un caza? ¿Un simple peregrino? Pero estaba herido; quizá por alguna disputa. Los peregrinos solían ser gente pacífica.

    Tras un rato el hombre se detuvo de nuevo. Cogió el revólver y lo cargó de balas, una tras otra, procurando encajarlas bien. Tomás se estiró para mirar mejor, instante en el que el forastero se giró apuntándole con el arma. Con el cuerpo medio de fuera tras una roca, Tomás se vio al descubierto.

    ―Ah –pronunció el hombre, con cierto alivio― ¿Me estás espiando?

    ―Eh… Sí

    ― ¿Por qué?

    ―Am Quién es usted

    ―Yo pregunté primero

    ―Iba camino al pueblo…cuando le vi… Señor

    ― ¿Sueles seguir a los extraños? –el niño asintió, con las manos alzadas― No deberías, es peligroso –entonces bajó el arma, le colocó el seguro y se la guardó en el pantalón― ¿Este camino es el que lleva a Nora? –Tomás asintió― Menos mal, empezaba a temer haberme equivocado. Baja los brazos, anda –le dijo sacudiendo la mano, mientras con la otra se rascaba la barba― ¿Vamos juntos al pueblo? Si no te importa, claro…

    Tomás dudó un momento, mientras con sus ojos negros y redondos escudriñaban el rostro de aquel forastero. De tez tostada por el sol, la mayoría de los dientes en la boca y alguna pequeña cicatriz en la cara, con patas de gallo y bolsas debido a la edad. Tomás lo miró fijamente a los ojos, claros, cansados, algo castigados…pero limpios de maldad. Además el tono y ritmo de su voz derrochaban honestidad.

    Se puso a su lado y retomaron la marcha a Nora, uno al lado del otro.

    ― ¿Está muy lejos aún?

    ―Tras subir la cuesta se ve la aldea. Y usted, cómo se llama y a qué se dedica

    ―Vaya, a eso se le llama cambiar de tema –dijo riéndose― Me llamo John Wayne y soy caza profesional

    ―Ya me imaginaba yo. Usted no tenía pinta de peregrino…

    Escrito el 11 julio 2020 a las 20:40

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