Uno de los problemas más habituales que me encuentro al corregir textos de otros escritores es que, a veces, se hacen un poco de lío con los tiempos verbales en una historia. Hace unos meses ya publiqué una entrada hablando de cómo elegir el tiempo verbal en novelas o relatos, pero ahora nos falta ir un paso más allá y aprender a manejar esos tiempos verbales de forma correcta y coherente.
En principio, puede parecer sencillo: si la historia está escrita en pasado, todo debería ir en pasado. Si está escrita en presente, pues en presente. Pero no es tan fácil porque, al narrar, el tiempo no siempre avanza en línea recta. En la mayoría de las historias, saltamos en el tiempo haciendo que el personaje recuerde, anticipando acontecimientos que aún no han sucedido o incluso imaginando posibilidades alternativas.
Entonces, ¿cómo saber qué tiempo verbal hay que utilizar en cada caso? Pues con un sencillo truco:
Encuentra el «ahora» de la historia
Lo primero que tenemos que detectar es dónde estamos ahora en la narración, qué escena está viendo el lector en ese momento. Ese será nuestro punto de referencia, aunque la historia esté contada en pasado.
Cuando tengamos localizado este punto, lo único que tenemos que hacer es situar las demás acciones a partir de ahí: esto ocurre ahora / esto otro ocurrió antes / esto otro ocurrirá después.
Para explicarlo mejor, voy a poneros un ejemplo.
Imaginemos una escena en la que una chica espera en una cafetería a una cita con alguien a quien ha conocido por internet. La cita se retrasa y ella comienza a tener dudas sobre si vendrá. Ese es nuestro punto de referencia, lo que está ocurriendo en ese momento.
Todo lo que la chica recuerde de antes de ese momento pertenecerá a un pasado respecto al tiempo narrado. Todo lo que suceda después será posterior a ese punto de referencia.
📌 Imaginemos que narramos la escena desde el presente:
Marta espera en una de las mesas al fondo del local, sentada mirando hacia la puerta, y levanta la vista de su café cada vez que alguien entra. Mira de nuevo el reloj y aprieta entre las manos el móvil, en el que sigue sin recibir ningún mensaje, a pesar de que él lleva ya media hora de retraso. ¿Y si no viene?
Marta intenta recordar lo último que se dijeron anoche, antes de irse a dormir. Él insistió en que tenía muchas ganas de conocerla y parecía sincero. No tenía motivos para mentirle.
Para colmo, nota que el camarero ha empezado a observarla. Seguramente pronto vendrá a preguntarle si quiere tomar otra consumición. Si dentro de diez minutos él todavía no ha llegado, Marta se marchará. O no. Le da miedo quedarse con la duda y tener que preguntarse el resto de su vida qué habría pasado si se hubiera quedado diez minutos más.
Nuestro punto de referencia está bastante claro: Marta espera en una cafetería. Eso está ocurriendo ahora. Pero dentro de la misma escena también hemos podido viajar hacia atrás para recordar la conversación de la noche anterior —«se dijeron», «insistió», «tenía»— y hacia delante para imaginar lo que puede que suceda más tarde —«vendrá», «se marchará»—.
¿Veis cómo cambian los verbos según cómo nos situemos respecto al «ahora» de la historia? Probemos a contar la misma escena desde otro momento.
📌 La misma escena, pero contada en pasado, de una forma más clásica:
Marta esperaba en una de las mesas al fondo del local, sentada mirando hacia la puerta, y levantaba la vista de su café cada vez que alguien entraba. Miró de nuevo el reloj y apretó entre las manos el móvil, en el que seguía sin recibir ningún mensaje, a pesar de que él llevaba ya media hora de retraso. ¿Y si no venía?
Marta intentó recordar lo último que se habían dicho la noche anterior, antes de irse a dormir. Él le había insistido en que tenía muchas ganas de conocerla y había parecido sincero. No tenía motivos para mentirle.
Para colmo, Marta notó que el camarero había empezado a observarla. Seguramente pronto vendría a preguntarle si quería tomar otra consumición. Si dentro de diez minutos él todavía no había llegado, Marta se marcharía. O no. Le daba miedo quedarse con la duda y tener que preguntarse el resto de su vida qué habría pasado si se hubiera quedado diez minutos más.
Los acontecimientos son exactamente los mismos, pero los tiempos verbales cambian porque también ha cambiado nuestro punto de referencia.
En el primer ejemplo, la escena se sitúa en el presente —Marta espera—; en el segundo, esa misma escena está situada en el pasado —Marta esperaba—. A partir de ahí, todo se organiza en relación con ese punto de referencia temporal. Lo que sucedió antes debe retroceder también en el tiempo y lo que todavía no ha sucedido tendrá que expresarse como un hecho posterior. Por eso, cuando narramos en pasado, aparecen formas como habían dicho, había empezado o vendría.
Ese es el truco: antes de preguntarnos qué tiempo verbal debemos usar, tenemos que saber dónde estamos en la historia.
🎓 ¡Ojo! Aquí aparece una peculiaridad importante:
Cuando el punto de referencia está en presente, lo que sucede después se expresa normalmente en futuro: Marta espera y el camarero vendrá. Pero si trasladamos esa misma escena al pasado, el futuro también se desplaza: Marta esperaba y el camarero vendría.
Por eso usamos vendría y no vendrá: porque, en el momento en que Marta esperaba, la llegada del camarero todavía estaba por suceder, aunque para quien cuenta la historia todo aquello ya pertenece al pasado. Dicho de forma sencilla, el condicional nos ayuda a mostrar el futuro de una escena narrada en pasado.
¿Y qué pasa con las afirmaciones que siguen siendo ciertas?
A veces, dentro de un texto, aparecen comentarios, reflexiones o informaciones que no pertenecen exactamente al tiempo de la escena. Imaginemos que en el segundo ejemplo queremos contar que Marta es una mujer impaciente. Como la escena está narrada en pasado, ¿tendríamos que escribir que Marta era impaciente?
Podríamos escribir «Marta era una mujer impaciente» y también podríamos decir «Marta es una mujer impaciente». Las dos opciones son correctas, pero no están diciendo exactamente lo mismo.
Con «Marta era una mujer impaciente», nos mantenemos dentro del tiempo de la historia y nos limitamos a hablar de cómo era Marta en aquel momento. Sería la opción más lógica para un narrador omnisciente que nos cuente la historia desde fuera del tiempo narrativo.
Al escribir «Marta es una mujer impaciente», en cambio, salimos momentáneamente de ese pasado y presentamos la información como algo que sigue siendo cierto en el presente desde el que se cuenta la historia. Aquí, la sensación de continuidad en el tiempo, de que Marta sigue existiendo y continúa siendo impaciente, es mayor.
¡Te toca! Ejercicio de escritura
Vamos a jugar un poquito con la escena del ejemplo y llevarla un paso más lejos. Imaginemos ahora que quien cuenta la historia es la propia Marta como narradora protagonista primera persona y lo hace desde un momento posterior a la cita, cuando ya ha pasado bastante tiempo desde aquello.
Imagina también que, en esta nueva versión, Marta nos aporta información sobre su vida que era cierta entonces y continúa siéndolo en el momento desde el que nos habla. Por ejemplo, podría comentarnos que su marido, Gabriel, estaba de viaje la noche anterior a la cita y que esto es algo que hace con frecuencia: viajaba mucho entonces y continúa haciéndolo ahora.
¿Te atreves a reescribir esta misma escena desde este nuevo punto de referencia? Es decir, la escena la cuenta Marta en primera persona y nos la cuenta cuando ya hace tiempo que sucedió la cita. Incluye también detalles que eran ciertos en el momento de la cita y siguen siéndolo cuando ella lo cuenta. Si quieres, puedes compartir el resultado del ejercicio aquí abajo, en los comentarios, y lo analizamos entre todos.
A modo de ejemplo, para que veáis cómo podría resolverse el ejercicio, os dejo mi versión en este enlace.
La clave está en saber desde dónde contamos
Como veis, manejar bien los tiempos verbales no consiste en decidir que una historia «va en pasado» y obligarnos a escribir absolutamente todos sus verbos en pasado. Una historia puede moverse constantemente hacia delante y hacia atrás: podemos recordar, anticipar, imaginar posibilidades o introducir información que sigue siendo cierta fuera del momento concreto de la escena.
El problema aparece cuando cambiamos de tiempo sin saber por qué, cuando empezamos a contar desde un punto temporal y, de repente, saltamos a otro sin que exista una razón narrativa para hacerlo.
Por eso, cuando tengáis dudas, intentad localizar primero el «ahora» de la escena y preguntaos dónde se encuentra cada acción respecto a él: ¿está ocurriendo en ese momento?, ¿sucedió antes?, ¿sucederá después?, ¿o estamos saliendo momentáneamente de la escena para hablar desde el presente del narrador?
Si tenéis claro dónde estáis, será mucho más fácil saber qué tiempo verbal necesitáis. Y, sobre todo, el lector podrá viajar con vosotros por el tiempo sin perderse por el camino.
Ccomentarios (1):
José Torma
26/08/2026 a las 15:38
Muy útil entrada, la estudio y pondré en práctica y mira nomas a Marta, que tiene marido y aún asi se cita con un extraño.
Ya urge que llegue septiembre para volver al taller.
Gracias por tocar este tema que, al menos a mi, me da siempre tema.
Saludos.