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¿Qué es la promesa narrativa y por qué Murakami parece saltársela?

Descubre qué es la promesa narrativa y por qué el autor japonés parece saltársela sin que sus historias dejen de atraparnos.

La promesa narrativa en las novelas de Murakami

Hay dos conceptos de escritura de ficción que me encantan y que creo que están más conectados de lo que en principio parecen: la promesa narrativa y la suspensión de la incredulidad.

La promesa narrativa es todo aquello que una historia plantea al lector y que, de una forma u otra, tendrá que satisfacer más adelante. Puede ser una pregunta, un conflicto, un misterio, una amenaza, o incluso un objeto con pinta de ser importante. Es la famosa teoría de la pistola de Chéjov según la cual, nunca se debe poner un rifle cargado en el escenario si no se va a usar (narrativamente hablando).

Dicho de otro modo: cuando una novela o una película termina, el lector no debería quedarse con la sensación de que han quedado cabos sueltos por descuido, como una subtrama abandonada, una pregunta importante sin respuesta o un elemento que parecía fundamental y luego no ha servido para nada.

La suspensión de la incredulidad, por su parte, es lo que permite que aceptemos que un elefante pueda volar en Dumbo o que los fantasmas existan y se puedan cazar en Cazafantasmas. Cada historia crea sus propias reglas. Si esas reglas se establecen bien desde el principio, el lector o el espectador las acepta como válidas dentro de ese universo.

Por eso, aunque no sean lo mismo, para mí la suspensión de la incredulidad se comporta como otra promesa narrativa, porque estás estableciendo ese pacto con el lector y no puedes saltártelo porque sí cuando te dé la gana. Si al comienzo de la historia le haces creer que estás en un universo realista, que se rige por las mismas leyes que el nuestro, en el capítulo cincuenta y siete no puedes hacer que un perro se ponga a hablar sin más, porque sacarás al lector de la historia. No se lo creerá. Las normas que marcaste eran las del mundo real, así que no has cumplido tu promesa.

Ahora bien, esto es lo que dice la teoría. Pero luego aparece un señor japonés, un tal Haruki Murakami, que hace lo que le da la gana y vende libros a cholón.

En sus novelas nos encontramos con gatos que hablan, universos paralelos, desapariciones misteriosas y preguntas que nadie parece tener intención de responder. Los finales son casi siempre abiertos o ambiguos; te dejan con más preguntas que respuestas. Narrativamente hablando, Murakami no suele cumplir con la promesa de cerrar todas las puertas que ha abierto.

Pero no importa. O, al menos, no parece importarle a millones de lectores en todo el mundo.

¿Sabéis por qué? Porque, en realidad, Murakami no incumple esa promesa narrativa; lo que hace es trasladarla hacia otro lugar. En vez de prometerte que va a resolver todos esos planteamientos extraños, a veces casi surrealistas, te propone un viaje, aunque luego muchas cosas no puedan explicarse del todo.

A mí me parece casi mágico cómo logra esto, pero no lo es. Hay técnica detrás. Aunque Murakami no siga a rajatabla la regla de la promesa narrativa como la seguiría un autor más tradicional, sí cumple otras reglas: crea una atmósfera constante, te mete dentro de la escena y provoca una tensión subyacente, la sensación de que hay algo raro latiendo por debajo, incluso en las situaciones más cotidianas.

Así es como te lleva a ese lugar. Como te atrapa.

A modo de ejemplo, vamos a ver el comienzo de su novela El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas:

«El ascensor se elevaba con extrema lentitud. Vaya, debía de estar subiendo, imaginé. No lo sabía a ciencia cierta. Porque ascendía tan despacio que yo había perdido el sentido de la dirección. Es posible que bajara y es posible, asimismo, que no se moviera en absoluto. Yo me había limitado a decidir arbitrariamente, haciéndome una composición de lugar, que el ascensor subía. Pero era una simple hipótesis. Sin fundamento. Tal vez hubiese ascendido hasta el duodécimo piso y bajado hasta el tercero, o quizá estuviera de regreso tras dar una vuelta alrededor de la Tierra. No lo sabía».

Este es el primer párrafo del libro y aquí ya queda claro dónde tenemos que colocar la suspensión de la incredulidad. Murakami está haciendo promesas, sí, pero no son promesas de resolución. Son promesas de tono, de estilo, de género y de universo. Nos está diciendo que aquí pasan cosas extrañas y no todo tiene por qué explicarse de forma lógica.

Si te montas en ese ascensor con el personaje, aceptas hacer el viaje con él. Puede que subas, puede que bajes o puede que des una vuelta alrededor de la Tierra. Seguramente nadie te explique del todo por qué ese ascensor se mueve así, pero, si has aceptado las reglas del juego, al menos disfrutarás del recorrido.

¿Y a vosotros? ¿Os gusta Murakami u os molesta esa falta de sentido final de sus historias? ¿Habíais oído hablar de estos dos conceptos narrativos? ¡Os leo en los comentarios!

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Ccomentarios (1):

Edu. S.C.

27/05/2026 a las 18:32

Buenas , solo he leído de él una colección de relatos , hace tiempo. El elefante desaparece , creo que se llamaba. Historias a cada cual más extraña , pero que te atrapaban. Recuerdo una historia sobre una pareja a la que le entraba el hambre y se dedicaba a buscar una hamburguesería de noche por la ciudad…raro, raro, pero me gustó

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